El Cementerio General del Sur no fue hoy un lugar de silencio, sino de memoria activa. Frente al Mausoleo que resguarda a los caídos del pasado 3 de enero, el color de las flores y el eco del «Gloria al Bravo Pueblo» marcaron una jornada donde el movimiento popular venezolano y cubano reafirmó que la soberanía tiene rostros, nombres y una historia que no se deja olvidar.

Un compromiso que trasciende el duelo
Más que un acto protocolar, la congregación de movimientos sociales buscó transformar el dolor en bandera. Aidelys Oyón, secretaria general del Movimiento Voluntariado SUAF (MVS), fue enfática al definir el sentimiento de los presentes: no se trata de una despedida, sino de un reconocimiento al valor supremo. «Estamos aquí porque el pueblo no olvida a quienes pusieron el pecho por la patria. Ese honor es nuestra guía», subrayó.

Desde la representación del estado Miranda, Miguel Mora conectó el sacrificio de los jóvenes con el futuro del país, definiendo la resistencia de aquel 3 de enero como el muro que frenó las pretensiones extranjeras. «Eran muchachos y muchachas con sueños que decidieron no rendirse. Ese ejemplo es el que nos asegura que Venezuela saldrá adelante», afirmó.
El rostro humano de la resistencia
El protocolo cedió paso a la emoción cuando las familias tomaron la palabra. El recuerdo de César Augusto García Palma, el joven de Antímano cuya alegría era tan conocida como su militancia en el Frente Francisco de Miranda, se hizo presente en la voz de su madre. Sus palabras resumieron el sentir de muchos: el orgullo de haber criado a un héroe supera, incluso, el vacío de la pérdida.

La jornada cerró con una promesa implícita entre los movimientos populares: mantener el Mausoleo no solo como un monumento de piedra, sino como un recordatorio constante de que la defensa de la soberanía es una tarea diaria y colectiva.
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