El 23 de enero no es solo una fecha en el calendario venezolano; es el epicentro de una memoria viva, ya que hace exactamente 68 años, el estruendo de los motores del avión «Vaca Sagrada» marcaba la huida del dictador Marcos Pérez Jiménez y el fin de una década de silencios forzados. Sin embargo, para la historia insurgente de Venezuela, esa madrugada de 1958 no fue el final de una lucha, sino el inicio de una batalla por la verdadera democracia que aún se libra en las calles.

    La caída de la dictadura fue el desenlace de 22 días de rebelión continua. No fue un pacto de élites lo que quebró al régimen, sino un movimiento cívico-militar nacido de la unión de obreros, estudiantes y soldados patriotas que dijeron «basta» a la represión; aquella jornada subrayó el poder de la unión del pueblo con su Fuerza Armada para recuperar las libertades fundamentales y el derecho a elegir un destino propio.

La traición del Pacto de Punto Fijo

    Pese al heroísmo popular, la historia registró una herida profunda, como recordaba el Comandante Hugo Chávez, el ímpetu de las masas fue frenado por la oligarquía. Mientras el pueblo celebraba en las calles, en los despachos se cocinaba el Pacto de Punto Fijo, un acuerdo que secuestró la victoria popular para instaurar un modelo bipartidista.

    Este sistema, que se extendió hasta 1999, derivó en gobiernos que se rindieron a intereses imperiales, sumergiendo al país en casi medio siglo de «oscuridad política y exclusión social», Chávez lo definía con claridad: “Una democracia sin pueblo es como un mar seco”. Para la Revolución Bolivariana, el 23 de enero de 1958 fue una gesta traicionada por quienes prefirieron el control de las cúpulas sobre el protagonismo de las mayorías.

Venezuela continúa su lucha en el presente

    Hoy, 23 de enero de 2026, el contexto ha cambiado, pero los actores parecen ser los mismos. En una actividad reciente del Centro Nacional de Estudios Históricos, el diputado Fernando Soto Rojas fue enfático: «Venezuela es el escenario donde se miden fuerzas históricas, el pueblo sigue siendo su protagonista implacable».

    A diferencia de 1958, la Revolución Bolivariana afirma tener hoy el control total de la situación, del pueblo y del Estado. Bajo el mando de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, las fuerzas revolucionarias mantienen la cohesión institucional frente al secuestro del presidente constitucional, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores.

Una calle que no se enfría

    Este viernes, las calles de Caracas y de toda Venezuela vuelven a ser el escenario de la movilización, con una clara consigna: exigir la libertad del presidente Maduro y ratificar el apoyo a la gestión de Delcy Rodríguez. No es solo un acto conmemorativo por la caída de Pérez Jiménez; es un ejercicio de resistencia organizada contra quienes buscan instaurar el caos.

    Soto Rojas recordó que, al cierre del siglo pasado, la figura de Chávez llegó a las raíces de la patria para reordenar las fuerzas. Por ello, este aniversario se vive como una ratificación de que el ciclo del Pacto de Punto Fijo se cerró para siempre, dando paso a una era donde el pueblo no solo derroca dictadores, sino que ejerce el poder.

    Es asi, como a 68 años de aquel 1958, la lección de la unión cívico-militar sigue vigente. El 23 de enero es el recordatorio de que la libertad no es una concesión de las élites, sino una conquista diaria de la gente de a pie. En medio de las circunstancias actuales, Venezuela se mira en el espejo de su historia para reafirmar que, pese a las traiciones del pasado, el ímpetu de las masas sigue siendo el corazón de su soberanía.

Fuente: Medios Nacionales

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