I PARTE
Con el sonido del agua y los platos limpios aún frescos en la memoria, la rutina de Charelis Tejadas, una joven de 22 años, se fragmentó el pasado 24 de junio en Los Corales, La Guaira. Se encontraba sola en el apartamento 2 del piso 7 de la Residencias Bahía Mar, una estructura de diez pisos que, en cuestión de segundos, se convirtió en escombros. Desde el terreno, el periodista Boris Castellano, para 360 Podcast, recogió este impactante testimonio de supervivencia donde la acción superó a la muerte.
El desborde del suelo: de la rutina al caos
«Terminé de fregar como a las cuatro de la tarde», relata Sharell. El primer indicio fue un sacudimiento violento hacia la derecha. Al percatarse de que se trataba de un terremoto, tomó su celular e intentó alcanzar el pasillo para buscar la salida. No hubo tiempo para más.

La luz se apagó por completo y la señal telefónica desapareció. En ese instante, el marco y la puerta del baño impactaron sobre su costado izquierdo. La velocidad del desastre no dio tregua: primero cedieron las paredes y, de inmediato, el suelo desapareció bajo sus pies. Sharell cayó al vacío, arrastrada en una avalancha de concreto, mientras el polvo inundaba sus oídos, nariz y boca. «Respiras polvo», recuerda con precisión matemática.
El edificio de diez pisos se desplomó por completo, compactándose de forma vertical. Frente a la incredulidad del periodista ante el hecho de que una persona caiga desde un séptimo piso y sobreviva para contarlo, Charelis responde con la fuerza de quien ha burlado a la muerte: «Soy un superhéroe, estoy viva».
Charelis: seis horas bajo las ruinas
Atrapada en la oscuridad absoluta, un factor fortuito determinó su supervivencia: la puerta y el marco del baño que cayeron sobre ella se trabaron contra otra pared colapsada, formando un espacio triangular que impidió que el peso total de la estructura la aplastara.
Pese al espacio seguro, su pierna izquierda quedó aprisionada por una enorme roca de cemento. Lejos de entrar en pánico, Sharell actuó: utilizó los mismos fragmentos de escombro a su alcance para golpear la roca repetidamente hasta liberar su extremidad.

Durante las seis horas que permaneció sepultada, la joven mantuvo la conciencia plena. En la superficie, el panorama era desolador. Durante las primeras tres horas, los gritos de auxilio de otros vecinos rompían el silencio de la noche; después, cesaron por completo.
El encuentro en la oscuridad
A través de las grietas, Chareli lograba escuchar el eco de las ambulancias, el ladrar de los perros y, eventualmente, la voz de su padre que la buscaba desesperadamente entre las ruinas. El momento de mayor tensión ocurrió cuando notó que su padre se alejaba al no recibir sus respuestas, debido a que el concreto amortiguaba su voz. «Sentí que estaba muerta», confiesa sobre ese instante de impotencia.
La situación dio un giro cuando un amigo de la familia, al caminar sobre el sector del colapso, percibió un sonido tenue bajo sus pies. Tras alertar al padre de la joven, este regresó al sitio y gritó: «¡Chare, ¿eres tú?!«. Tras confirmar su identidad con una voz ahogada por el encierro, los equipos en el terreno iniciaron las maniobras de extracción, logrando rescatarla con vida durante la madrugada. Hoy, Sharell Tejada permanece con una férula en su mano izquierda por un dedo fracturado y lesiones menores en su pierna, consolidándose como el testimonio vivo de un milagro en el litoral.
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360/LT/DRR
