Hay silencios que salvan vidas. En medio del caos, el polvo asfixiante y el crujir del concreto colapsado, un grupo de hombres y mujeres levanta la mano derecha con el puño cerrado. No es un saludo, es la señal sagrada de los rescatistas para exigir silencio absoluto a la tierra. Solo así, aguzando el oído bajo las ruinas, se puede escuchar el hilo de voz de quien se niega a morir.

Doce días después del devastador terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, la línea entre la vida y la muerte sigue siendo tan delgada como un milagro. En una transmisión en vivo para el podcast 360, conducido por el periodista Boris Castellano desde Los Corales, en Caraballeda, se desveló el rostro más humano y desgarrador de esta tragedia: el de los médicos que pasaron de las guardias hospitalarias a convertirse en rescatistas de primera línea en el estado La Guaira.

Cuatro minutos entre la vida y la muerte

El relato más estremecedor de la jornada lo lleva en su propia piel la doctora Zaira Medina, directora médica y pilar del despliegue sanitario en la zona. Para ella, esta tragedia no es solo una estadística laboral; es una herida abierta en su propia casa. Medina, con la voz quebrada pero firme, confesó ante los micrófonos de 360 que residía en el edificio Portofino, una de las estructuras residenciales que se desplomó por completo.

«Todos mis vecinos fallecieron. No quedó nadie con vida. Yo salí por cuatro minutos porque mi hija tuvo que salir a operar un apéndice. Nos salvamos por cuatro minutos».

Esos cuatro minutos de azar la convirtieron en sobreviviente, pero también en la líder de un contingente de 30 profesionales —compuesto por 17 médicos especializados, 10 enfermeras intensivistas y 3 transportistas de pacientes— que abandonaron la comodidad de sus guardias al sentir el temblor dentro de sus propios centros de salud para abocarse de inmediato a la emergencia en La Guaira.

La batalla contra la amputación: El caso de los 23 años

El trabajo de este equipo multidisciplinario ha permitido rescatar y salvar a 286 personas de los escombros. Sin embargo, detrás de los números hay nombres y batallas titánicas. El ejemplo más emblemático de estos días es el de una joven de 23 años que quedó atrapada bajo toneladas de concreto.

Su destino inicial parecía ser la amputación inevitable de su pierna derecha debido a un cuadro de extrema inestabilidad hemodinámica; estaba prácticamente muerta. Pero el equipo médico se plantó en un «no» rotundo. Uniendo fuerzas entre traumatólogos, intensivistas, anestesiólogos como el doctor Wilkerman Hernández, y especialistas en cirugía cardiovascular, libraron una batalla contra el reloj en el Hospital Periférico de Pariata (León). Hoy, la joven ha sido extubada, se encuentra en sala de hospitalización y, lo más importante, conserva sus dos extremidades. Como ella, otros 56 pacientes han sido devueltos a la vida gracias a la intervención quirúrgica inmediata en condiciones extremas.

La infancia mutilada: La herida más profunda

A pesar de las victorias médicas, el dolor más agudo se concentra en los más vulnerables: los niños. La doctora Medina describió con profunda tristeza la realidad de decenas de menores que no solo han quedado huérfanos, sino que han sufrido la mutilación o amputación de sus miembros para poder ser extraídos con vida de las ruinas.

La situación ha escalado a tal punto que comisiones del Tribunal Supremo de Justicia se han tenido que desplegar en los hospitales para censar a los niños, verificar el estatus de sus padres (muchos de ellos aún desaparecidos o fallecidos) y garantizar su protección legal y afectiva en medio de la orfandad.

El «consciente dual»: El terreno frente a las pantallas

El reportaje de 360 también puso el foco en un fenómeno contemporáneo que entorpece las labores de ayuda: el tratamiento de la tragedia en las redes sociales. Boris Castellanos planteó la existencia de una «realidad dividida» entre lo que se consume en las pantallas y lo que se vive en el terreno.

La doctora Medina coincidió firmemente, criticando el «morbo» y la crítica destructiva que a menudo inunda las plataformas digitales, contraponiéndola a la inmensa cadena de solidaridad que se palpa en las calles de La Guaira. Desde el día uno, el pueblo se ha volcado a los hospitales y refugios llevando comida, ropa y zapatos. Paralelamente, cuadrillas de Corpoelec e Hidrocapital trabajan sin descanso para restablecer los servicios de luz y agua en zonas críticas como Tanaguarena y Naiguatá.

Acompañada por su equipo —los doctores George y Sotillo, el rescatista Jeiro Artiaga y el anestesiólogo Wilkerman Hernández—, la doctora Medina cerró el encuentro con una certeza que desafía cualquier manual médico: mientras haya una esperanza, la búsqueda no se va a detener. Con la experiencia de haber asistido a los terremotos de México y Haití, sabe que la medicina tiene límites, pero los milagros no. Y en La Guaira, cada vida rescatada es la prueba de que el amor por el prójimo es la mejor herramienta de reanimación.

360/LT/DRR

Longina Tovar Publicado: 08/07/2026, 2:27 PM
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