Mientras el municipio Brión aún dormía el pasado domingo, un grupo de voluntarios desafiaba el silencio de las 4:00 de la mañana para dar inicio a una misión que hoy es leyenda local. Lo que nació como un agradecimiento privado en la sala de la familia Cufat, ha evolucionado en un despliegue masivo que este año alcanzó las 40 comunidades de Higuerote, Tacarigua y Curiepe.

Más que un regalo, un acto de fe

​A diferencia de años anteriores, la jornada de este 21° aniversario rompió sus propios esquemas al cruzar los umbrales de los tres camposantos del municipio. En un ambiente de profunda espiritualidad, los organizadores entregaron rosas a quienes buscaban consuelo frente a las tumbas de sus madres, marcando un hito histórico en la carga emocional de esta tradición.

Voces del corazón de Barlovento

  • Identidad y Lucha: Edwar «Peluche» Longa, motor de la iniciativa, enfatiza que el relevo generacional ya es una realidad, con niños sumándose a la entrega para que la esencia de la «madre luchadora» nunca sea olvidada.
  • Homenaje Invisible: El equipo también rindió tributo a sus propios pilares espirituales, Juliette Ysturiz y Elías Tartak, quienes siguen presentes en el propósito de la organización.
  • Impacto Institucional: La alcaldesa Olga Pacheco, tras 15 horas de recorrido, confesó que vivir la adrenalina de las madres esperando en sus ventanas supera cualquier imagen vista en redes sociales, comprometiéndose a blindar este sueño a futuro.

Una labor de autogestión

​El cierre de la jornada dejó un saldo de agotamiento físico, pero una satisfacción moral incalculable. Tras semanas de preparación y logística independiente, el comité organizador —integrado por Orama, Cufat e Ysturiz— demostró que el reconocimiento a la mujer que «hace la arepa y orienta el hogar» es un lazo que ni el tiempo ni la distancia pueden quebrar en Brión.

360/AP/DRR