En una jornada marcada por la dualidad entre el combate y la política, el Ejército de Israel intensificó su ofensiva en el sur del Líbano con el ataque a más de 200 infraestructuras de Hizbulá. Esta escalada ocurre precisamente mientras delegaciones de ambos países inician conversaciones de paz en Washington.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) confirmaron que, entre los objetivos alcanzados, se destruyeron 20 lanzaderas de cohetes. Según el reporte oficial, estas instalaciones habían sido utilizadas recientemente para realizar disparos hacia territorio bajo control israelí.
En paralelo a los bombardeos, Tel Aviv mantiene el avance de su invasión terrestre. Actualmente, cinco divisiones del ejército operan en el sector meridional libanés, donde las tropas informaron la destrucción de misiles antitanque y el desmantelamiento de posiciones logísticas del grupo chií.
Este incremento de la presión militar coincide con la estrategia del gobierno de Benjamín Netanyahu de negociar «bajo el fuego». El objetivo de Israel en las mesas de diálogo en Estados Unidos es forzar el desarme de Hizbulá mediante el uso continuo de la fuerza en el terreno.
A pesar de la intensidad de los ataques, la mediación estadounidense ha logrado que las delegaciones de Israel y el Líbano pacten nuevos encuentros. Aunque la fecha y el lugar están por definirse, Washington asegura que los acercamientos diplomáticos continuarán en los próximos días.
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