Bajo una densa capa de pragmatismo y conveniencia política, el presidente Donald Trump recibió este jueves en la Casa Blanca a Luiz Inácio Lula da Silva. El encuentro, que duró tres horas, estuvo marcado por un contraste flagrante: mientras Trump se deshacía en elogios calificando a su par de “muy dinámico”, la realidad diplomática sigue herida por el proteccionismo económico y los coqueteos del estadounidense con la ultraderecha golpista de Brasil.
El doble juego de los aranceles
Trump, fiel a su estilo de «negociación bajo presión», utilizó sus redes sociales para declarar que la reunión fue «muy bien». Sin embargo, tras el optimismo de fachada en Truth Social, persiste la amenaza arancelaria que Washington ha usado como garrote contra la economía brasileña.
Aunque el mandatario estadounidense ha presumido de dialogar sobre el comercio, lo cierto es que Brasil sigue lidiando con un impuesto adicional del 10% impuesto por la administración Trump. Estas medidas, que expiran en julio, penden sobre la industria brasileña como una espada de Damocles, mientras Trump promete «reuniones adicionales» que parecen más una táctica de dilación que una voluntad real de apertura.
Fricciones diplomáticas y el factor golpista
La reunión no logró disipar el hedor del reciente escándalo de espionaje y manipulación institucional. La sombra de Jair Bolsonaro —aliado ideológico de Trump y condenado por el intento de golpe de Estado de 2023— sobrevoló el Despacho Oval.
La relación bilateral atraviesa su momento más bajo tras el polémico incidente con el ICE, donde se acusó a sectores del gobierno estadounidense de connivencia para favorecer a Alexandre Ramagem, exjefe de inteligencia de Bolsonaro. Este episodio, que derivó en la expulsión cruzada de agentes diplomáticos, dejó en evidencia que, más allá de los almuerzos protocolares, existe una profunda desconfianza entre Brasilia y el Washington de Trump.
Claves de un encuentro sin compromiso real:
Silencio tras los muros: A diferencia de otros encuentros de Estado, no hubo rueda de prensa conjunta. Los líderes evitaron el escrutinio de los medios, eludiendo preguntas sobre la incoherencia de Trump al elogiar a un presidente cuya legitimidad ha sido cuestionada por sus socios políticos en Brasil.
Diplomacia de redes: Mientras Trump buscaba capitalizar el encuentro como un éxito personal, Lula se limitó a la sobriedad institucional, compartiendo apenas un video del recibimiento oficial, sin validar el «entusiasmo» de su anfitrión.
Futuro incierto: Las mesas técnicas anunciadas heredan una agenda cargada de agravios y una política exterior estadounidense que sigue priorizando el «América Primero» por encima de cualquier alianza estratégica en el sur.
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