Un intenso temporal golpeó en las últimas horas a la isla de Bali, uno de los destinos turísticos más visitados de Indonesia, dejando severas inundaciones en al menos 26 sectores. El agua subió con rapidez, convirtió calles en verdaderos ríos y complicó tanto el tránsito vehicular como el paso de peatones. En algunos puntos, el nivel alcanzó hasta 80 centímetros, de acuerdo con la Agencia Regional de Gestión de Desastres (BPBD).
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Las precipitaciones afectaron viviendas, avenidas principales y también instalaciones hoteleras. En varios establecimientos, el agua entró a las plantas bajas, por lo que trabajadores ayudaron a los huéspedes a resguardar equipaje y objetos personales en áreas más seguras. Además, las ráfagas de viento provocaron cortes eléctricos y obstrucciones en distintas carreteras.
Ante la emergencia, los equipos de rescate se desplegaron para evacuar a personas en riesgo y asistir a las familias afectadas. Las autoridades pidieron prudencia tanto a residentes como a turistas, sobre todo en zonas bajas o cercanas a ríos, donde el peligro de nuevos desbordamientos sigue latente. Hasta ahora no se han confirmado víctimas fatales ni un balance definitivo de los daños materiales.
Este episodio ocurre en medio de una seguidilla de fenómenos climáticos extremos que han impactado a Indonesia en los últimos años, poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las comunidades y de los organismos de protección civil.
Mientras continúan las lluvias, las autoridades mantienen activos los protocolos de emergencia y refuerzan los sistemas de alerta temprana. El monitoreo constante busca anticipar riesgos y resguardar tanto a la población local como a los visitantes que permanecen en la isla.
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