En el corazón de Caracas, específicamente en la concurrida avenida principal de Maripérez, reside una auténtica leyenda local: el puesto de churros de Luis Aquino. Durante 38 años ininterrumpidos, Luis no solo ha vendido el clásico y crujiente manjar, sino que se ha convertido en un ícono de la perseverancia y el buen humor caraqueño.
La historia de este puesto es un verdadero relato familiar. Como la cuenta el propio Luis, la tradición la inició su padre, quien dedicó 44 años de su vida al negocio. «Mi papá fue el que inició esto, duró 44 años en este negocio», recordó Luis. Tras una enfermedad de su progenitor, Luis tomó las riendas, haciendo suyo un legado de más de tres décadas.
El toque Aquino: humor y sabores que sorprenden
Lo que realmente distingue a Luis Aquino de cualquier otro churrero no es solo la antigüedad de su puesto, sino la alegría contagiosa con la que atiende a su clientela. En una reciente exclusiva realizada por el periodista Luis Hugas para 360°, se destacó la singularidad de su oferta y su trato.
Si bien ofrece los sabores tradicionales que enamoran a todos (arequipe, chocolate, leche condensada, canela y fresa), el señor Aquino es famoso por su lista de «sabores insólitos» como el de «pollo» o «atún», provocando risas y complicidad entre los compradores.
»La mayoría se van con una sonrisa, que es la idea, y vuelven otra vez,» comenta Luis con humildad. «Me dicen: ‘uno viene para acá y siempre se va con una sonrisa, el señor Luis siempre está alegre’.
Fe en Venezuela: el secreto de la longevidad
Tras 38 años, donde muchos han optado por buscar nuevos horizontes, la pregunta obligada es: ¿Por qué seguir aquí, día tras día, haciendo churros?
La respuesta del señor Aquino es un testimonio de fe. «Siempre he creído en Venezuela», afirma con convicción«. Aunque soy hijo de extranjero, soy venezolano y creo en mi país. Creo que nosotros vamos a salir adelante». Para él, las dificultades son «crisis momentáneas» y no eternas, y la clave es la perseverancia.
El churrero de Maripérez es más que un simple vendedor; es un punto de encuentro, una parada obligada y, para muchos, el dueño de los mejores churros de la capital. Mientras otras franquicias compiten, los caraqueños siguen prefiriendo el sabor auténtico y el trato genuino que solo se encuentra en el carrito de Luis Aquino, el hombre que ha dedicado su vida a endulzar y alegrar las mañanas y tardes de Maripérez.
Luis Hugas.
360°/AR/CV



