II PARTE
Mientras Charelis Tejadas batallaba en la oscuridad de las ruinas, la desesperación se apoderaba de su familia. Su madre, Alexaida Acosta, se encontraba en la zona costera de Todasana cuando el sismo interrumpió el servicio eléctrico y las comunicaciones. Al saber que su hija estaba sola en el apartamento, emprendió un viaje de regreso marcado por la angustia.
La peor confirmación llegó al alcanzar el sector de Tanaguarena. «Cuando llegué a Tanaguarena, ya vemos el desplome de los edificios… Cuando volteo donde veía mi edificio, el edificio no estaba parado», relata Alexaida, describiendo el instante en que sintió que el alma se le desprendía del cuerpo. En medio del caos, se lanzó al suelo a llorar y gritar el nombre de su hija. Su esposo, tras abandonar el vehículo, corrió hacia el complejo para iniciar una búsqueda desesperada que se prolongó por más de dos horas sin obtener respuesta alguna.
La búsqueda dio un vuelco con la intervención de Santiago, un amigo de la familia a quien Alexaida describe como «un compañero que nunca veía». Santiago caminó sobre la estructura colapsada, detectó una señal de vida y alertó al padre de la joven. Con la convicción de no abandonar el lugar sin ella, los rescatistas improvisados intensificaron las maniobras. Tras el rescate, la madre de Charelis, Alexaida, tuvo que buscar herramientas entre los vecinos en medio de la oscuridad para colaborar con la extracción final de su hija. Para ella, la supervivencia de Charelis es un testimonio innegable:
«Ella es una consentida de Dios, de eso no hay duda… Esto es un milagro doble. Sharelis nació prematura… y hoy, 22 años después, Dios lo reafirma».
El reencuentro y el impacto psicológico
Para Charelis, el verdadero alivio llegó al ser entregada a los brazos de su padre. «Sentí su calor, su abrazo, sentir sus brazos fue la primera señal de que ya yo no estaba allí». Posteriormente, fue resguardada en el vehículo de Santiago a la espera de su madre y sus primos. El reencuentro con el resto de sus familiares estuvo marcado por la conmoción, ya que en un primer momento todos asumieron que la joven había fallecido debido a la magnitud del colapso del edificio.
A pesar de encontrarse a salvo y rodeada de sus seres queridos, Sharell confiesa el severo impacto psicológico que le dejó la experiencia:
«Todavía a veces mi mente se encuentra en ese lugar. Es muy difícil superarlo psicológicamente».
La joven reflexiona sobre el propósito de su supervivencia, convencida de que existe una misión de vida que aún debe cumplir. Asimismo, destaca la labor de los dos jóvenes desconocidos que aparecen en los registros de video colaborando en su extracción, quienes desaparecieron del lugar tras entregarla a su padre.
El saldo de la tragedia en Los Corales
Detrás de este rescate milagroso, la realidad del complejo residencial y sus alrededores es devastadora. El desplome de la estructura y el desborde en la zona de Los Corales dejaron un saldo trágico que supera los 30 fallecidos, mientras que varias personas aún permanecen bajo la condición de desaparecidas. Para Carelis y su familia, el peso de la supervivencia se mezcla con el luto, ya que la totalidad de sus amigos y vecinos que se encontraban en la edificación perdieron la vida durante el colapso.

