En una demostración de su ya conocida diplomacia del garrote y el micrófono, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a encender la retórica belicista al asegurar que, una vez que Washington «termine» con Irán, la isla de Cuba será el próximo objetivo de su Administración. Con un tono que evoca más a un capo de película que a un jefe de Estado, el inquilino de la Casa Blanca soltó ante la prensa: «Vamos a encargarnos de eso (Cuba) tan pronto como hayamos terminado (con Irán). Me gusta hacer una cosa a la vez».
La amenaza, lejos de ser un exabrupto aislado, parece formar parte de un guion de asfixia que La Habana lleva meses denunciando, alertando sobre la fabricación de narrativas infundadas para justificar una agresión mayor y endurecer el ya anacrónico bloqueo económico. Sin el menor pudor diplomático, Trump insistió en su idea de una «limpieza» geopolítica por etapas: «Nos ocuparemos de la República Islámica de Irán. Y en cuanto terminemos, de regreso, haremos una breve parada (en Cuba). Nos encargaremos de ello. Queremos echarles una mano», remató con su acostumbrada ironía.
Sanciones a diestra y siniestra: El Tesoro persigue hasta los árboles genealógicos
Para demostrar que las amenazas de su jefe no son solo pirotecnia verbal, el Departamento del Tesoro de EE.UU., bajo las directrices de una Casa Blanca visiblemente obsesionada con el Caribe, desplegó una nueva batería de sanciones. En esta ocasión, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) apuntó directamente al entorno íntimo del mandatario cubano, sancionando al presidente de la isla, Miguel Díaz-Canel, y a su esposa, Lis Cuesta Peraza.
La arremetida de la OFAC no se detuvo en el matrimonio presidencial; en un intento por asfixiar cualquier vestigio de la estructura social y económica cubana, la «lista negra» de Washington sumó a:
- Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
- Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
- El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y su agencia de viajes, Amistur Cuba S.A.
- El círculo familiar extendido, incluyendo al hijastro de Díaz-Canel, Manuel Anido Cuesta, y al nieto del exmandatario Raúl Castro, Raúl Alejandro Castro Calis.
Paranoia en Washington: Una «emergencia nacional» sin pruebas
Este nuevo zarpazo sancionatorio es la continuación de la orden ejecutiva que Trump firmó el pasado 29 de enero, en la cual declaró una insólita «emergencia nacional» frente a lo que Washington califica como una «amenaza inusual y extraordinaria» de Cuba para la seguridad estadounidense.
En un texto plagado de acusaciones inverosímiles y carente de sustento probatorio, la Casa Blanca acusa a La Habana de albergar «grupos terroristas transnacionales» y de permitir el despliegue de supuestas «sofisticadas capacidades militares y de inteligencia» de Rusia y China a escasas millas de Florida. Bajo estos pretextos, la Administración norteamericana ha llegado al extremo de amenazar con aranceles a terceros países que osen vender petróleo a la nación antillana.
El acoso, coordinado desde el Departamento de Estado por Marco Rubio, busca el colapso total de la isla a través de medidas coercitivas que pretenden forzar un cambio de régimen, demostrando que la diplomacia de la actual administración estadounidense se reduce a la extorsión económica y a las bravuconadas de pasillo.
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