Con el habitual tono de gendarme hemisférico que caracteriza su política exterior, el presidente de EE. UU., Donald Trump, ha vuelto a arremeter contra Cuba. Utilizando como pretexto el 124º aniversario del inicio del periodo neocolonial en la isla —una fecha que Washington insiste de manera cínica en llamar «Día de la Independencia»—, el mandatario estadounidense lanzó un mensaje cargado de hostilidad, exigencias injerencistas y nuevas medidas de asfixia económica.

La respuesta desde La Habana fue contundente. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, desmontó el relato de la Casa Blanca al recordar que el 20 de mayo no representa ninguna libertad, sino el inicio de una «república tutelada» marcada por la intervención y el despojo.

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La retórica de Trump: El regreso de la Doctrina Monroe

En su comunicado, Trump pretendió dar lecciones de historia al pueblo cubano, calificando el 20 de mayo de 1902 como el nacimiento de una «nación libre». Sin embargo, tras la fachada de felicitación, el presidente norteamericano no tardó en mostrar los dientes, recurriendo al gastado guion de catalogar a la isla como un peligro para su país.

«Como presidente, estoy tomando medidas decisivas en nombre de este rincón tan sufrido de nuestro hemisferio y para abordar las amenazas a nuestra seguridad nacional que emanan de la región», amenazó Trump sin ambages.

Bajo este pretexto de «seguridad», Trump anunció la promulgación de nuevas sanciones unilaterales contra el aparato militar, de inteligencia y cualquier entidad que brinde apoyo financiero a Cuba. Estas acciones profundizan la orden ejecutiva del pasado 29 de enero, en la que la Casa Blanca llegó al extremo de declarar una «emergencia nacional» inventando una supuesta «amenaza inusual y extraordinaria» por parte de Cuba, acusándola sin pruebas de albergar terroristas y tecnología militar de Rusia y China.

Díaz-Canel frena el cinismo de Washington: «Los antimperialistas somos más»

Desde Cuba, la narrativa de Washington fue calificada como un insulto a la memoria histórica. El presidente Díaz-Canel recordó a través de la red social X que aquel 20 de mayo de 1902 la isla no alcanzó la independencia, sino que quedó encadenada a la infame Enmienda Platt, un mecanismo con el que EE. UU. legalizó su derecho a intervenir militarmente en el país y saquear sus recursos durante décadas.

Para el mandatario cubano, lo único que se puede «agradecer» a esa fecha es haber sembrado un profundo sentimiento antimperialista en el pueblo.

«Llega otro 20 de mayo en que los asalariados del deshonor piden a gritos que regrese la república tutelada. No los subestimemos, pero jamás olviden que, por méritos del propio imperio, los antimperialistas somos muchísimos más», sentenció Díaz-Canel.

Un libreto mendaz y la búsqueda deliberada de una crisis

La ofensiva de la administración Trump no se limita a las palabras. En las últimas semanas, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha intentado ejecutar un «libreto mendaz» para lavar las manos de Washington ante la grave crisis energética que ellos mismos provocan en la isla mediante el bloqueo. Así lo denunció el canciller cubano, Bruno Rodríguez, tras las recientes sanciones impuestas contra funcionarios del gabinete de Díaz-Canel.

El ensañamiento de la Casa Blanca ha llegado al punto de amenazar con aranceles y represalias a terceros países por el simple hecho de vender petróleo a Cuba, una estrategia de persecución financiera que busca ahogar al pueblo cubano. Ante este escenario, diversas fuerzas políticas de la región, como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), han alzado la voz para exigir unidad latinoamericana frente a un imperio que intenta, a la fuerza y mediante el chantaje, provocar una crisis humanitaria en la nación caribeña.

360/AP/DRR