El proceso de adquisición de 12 cazas F-16 por parte de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) ha derivado en un áspero conflicto diplomático en redes sociales entre China y Estados Unidos. Todo comenzó cuando el embajador estadounidense, Bernie Navarro, amenazó con represalias tras el intento del presidente interino, José María Balcázar, de suspender la compra a la empresa Lockheed Martin. El embajador chino, Zhu Jingyang, no tardó en calificar el lenguaje de su colega como «coercitivo y crudo», desatando una cadena de réplicas que puso a la soberanía peruana en el centro del debate geopolítico.

​La discusión escaló cuando Navarro recurrió a una burla basada en el cuento de la «Caperucita Roja», usando la figura del lobo para mofarse de la diplomacia china. Zhu Jingyang respondió con dureza, acusando a Washington de ser el «verdadero lobo» que utiliza sanciones y burlas baratas para imponer su voluntad bajo una falsa fachada de «nación madura». El representante de Beijing enfatizó que Perú debe ser libre de elegir a sus socios sin amenazas externas, asegurando que la cooperación entre su país y la nación andina se mantiene inquebrantable frente a las presiones norteamericanas.

​Finalmente, el conflicto alcanzó su punto crítico cuando la FAP, en un acto de desacato a la presidencia interina, formalizó la compra de los aviones estadounidenses el pasado 22 de abril. Tras concretarse el millonario acuerdo, Navarro suavizó su discurso ante la prensa local, negando cualquier tipo de coacción y defendiendo el respeto de su país por la autodeterminación peruana. Sin embargo, el episodio ha dejado al descubierto la intensa lucha de influencias entre las dos potencias por el control estratégico y militar en América del Sur.

360/AP