Un avance científico pone en evidencia el papel crucial de los genes en nuestra esperanza de vida. Un equipo de investigadores de la Universidad de Copenhague ha descubierto que la longevidad humana está más determinada por el ADN que por los hábitos de vida. Este estudio pone en duda la creencia de que mantener una vida saludable es la principal clave para vivir más tiempo.

Según los cálculos realizados por los científicos daneses, aproximadamente el 55% de la longevidad tiene su origen en factores hereditarios. Para llegar a esta conclusión, los investigadores se basaron en estudios con gemelos, un recurso clave para entender el impacto de la genética.

Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es que la influencia de los genes es aún más significativa cuando las muertes externas, como accidentes o enfermedades infecciosas, no son un factor determinante. Estas muertes, explican los científicos, a menudo ocultan el verdadero impacto de la herencia biológica. En otras palabras, el margen para retrasar el envejecimiento con dietas o rutinas de ejercicio es más limitado de lo que se pensaba.

Estilo de vida y sus limitaciones

La doctora Daniela Bakula y el profesor Morten Scheibye–Knudsen, parte del equipo de investigación, subrayan que aunque el estilo de vida tiene cierto impacto, los genes juegan un papel mucho más decisivo en la longevidad. «El margen para influir en el ritmo de envejecimiento es limitado», afirman, destacando que la comprensión de la genética es esencial para avanzar en la biología del envejecimiento.

A través de sus investigaciones, los científicos concluyen que los mecanismos del envejecimiento están optimizados por la evolución. Este proceso está relacionado con otros aspectos humanos como el desarrollo cognitivo o el metabolismo, y refleja cómo la naturaleza ajusta ciertos procesos a lo largo de nuestra vida. Este hallazgo desafía las ideas populares sobre lo que realmente necesitamos hacer para alcanzar los 100 años.

Fuente: Medios Internacionales

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