Durante siglos, los gatos negros han sido víctimas de supersticiones y creencias absurdas que los convirtieron en símbolo de lo oscuro. Sin embargo, quienes conviven con uno saben que tras su pelaje brillante hay dulzura, elegancia y una pizca de misterio que no asusta, sino que fascina. No hay mala suerte en un gato negro. Lo que hay es compañía, afecto y un equilibrio curioso que solo ellos saben dar. La verdadera desgracia, si se quiere llamar así, recae sobre quienes aún los juzgan por un color que no significa nada más que belleza.

   Para revertir ese estigma, existen fechas dedicadas a celebrar y visibilizar a estos felinos incomprendidos. El 17 de agosto, por ejemplo, se conmemora el Día de Apreciación del Gato Negro, creado en 2011 por Wayne Morris en honor a su hermana June y su gato Sinbad. Esta fecha busca recordar que el carácter no se pinta en el pelaje y que los gatos negros tienen tanto amor y personalidad como cualquier otro.

   Poco después, el 27 de octubre se celebra el Día Internacional del Gato Negro, impulsado por la organización británica Cats Protection. Su propósito es destacar una triste realidad: en muchos refugios, estos gatos son los menos adoptados, no por falta de encanto, sino por prejuicios que aún persisten.

   Las raíces de esa mala fama se remontan a la Europa medieval, donde se les asoció con brujas y hechizos. Sin embargo, otras culturas como la egipcia o la japonesa siempre los han visto como símbolos de protección y buena fortuna. Hoy, la ciencia lo deja claro: el color del pelaje no define la personalidad. Los gatos negros pueden ser juguetones, tímidos o cariñosos, y su aire enigmático solo refleja un magnetismo natural que conquista a quien se detiene a observarlos.

Aun con toda su nobleza, estos felinos siguen siendo los más ignorados en los refugios. Muchos esperan más tiempo que otros para ser adoptados, e incluso algunos son devueltos por supersticiones o por no «verse bien en las fotos». Esa indiferencia duele, porque no son «de la calle»; están ahí porque alguien decidió no mirar más allá del color. Cada gato negro merece un hogar donde se le mire con ternura, no con miedo.

360°/AR/OBP