Quien convive con un gato a menudo cree haberlo visto todo: amasar con las patas, ronronear con los ojos entrecerrados, buscar mimos, pero llega un momento en que el felino sorprende succionando las sábanas o una prenda como si fuera el pecho de su madre. La reacción habitual es de alarma, preguntándose por qué un gato adulto actúa como un gatito. Sin embargo, se trata de un comportamiento natural, un vestigio del reflejo de mamar que algunos gatos mantienen toda la vida.
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En la mayoría de los casos, succionar tejidos o incluso la piel humana no es patológico. Es un mecanismo que libera endorfinas y genera calma, similar a cómo un niño puede seguir chupándose el dedo. Muchos gatos lo hacen antes de dormir o al acurrucarse junto a alguien en quien confían, pero también puede reflejar ansiedad. Los gatos destetados demasiado pronto o separados de su madre antes de las ocho o nueve semanas desarrollan esta conducta como consuelo. Estudios de la veterinaria Mikel Delgado, de la Universidad de California, confirman que la interrupción temprana de la lactancia está vinculada a la succión persistente en la adultez.
El entorno influye de manera importante. En casas con pocos escondites, ruidos constantes o conflictos entre gatos, la succión puede volverse más intensa o compulsiva. La línea entre un gesto de relajación y un signo de estrés se mide por la frecuencia y la interferencia con la vida diaria: si el gato deja de comer, vomita o se obsesiona con succionar, conviene consultar al veterinario.
No existe una “cura” porque generalmente no hay nada que corregir. Succionar brinda placer y tranquilidad al gato. Lo más recomendable es entender la conducta y ofrecer un entorno seguro, con zonas separadas para comer, dormir y esconderse, estructuras para trepar, juegos de caza simulada y rutinas estables. También puede ayudar redirigir la conducta hacia un “objeto de apego” seguro, como una camiseta vieja o un peluche, evitando riesgos de ingestión y sin castigar al animal.
Fuente: Globovisión
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