En medio de una renovada tensión geopolítica, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, enfrió las expectativas sobre la solidez de la tregua bilateral con Irán —vigente desde abril— tras el reciente intercambio de ofensivas militares que sacudió la región en la última jornada.
Al ser interpelado por los periodistas sobre el rumbo estratégico de su gobierno tras los bombardeos iraníes en Kuwait, Trump evitó respaldar la continuidad del pacto original y argumentó la necesidad de la réplica estadounidense. El mandatario sugirió que la contraparte mantiene una política de provocación hacia EE. UU., asegurando que la respuesta de su administración fue necesaria porque «nos golpearon bastante» y ellos solo «estaban respondiendo con la misma moneda».
Un enfoque escéptico de la diplomacia
A diferencia de las posturas diplomáticas tradicionales, el mandatario restó trascendencia a la definición estricta de un armisticio en Medio Oriente, reduciendo el acuerdo a una simple disminución de la violencia cotidiana y afirmando que en esa parte del mundo un alto el fuego es, esencialmente, cuando se dispara de una manera más moderada, viviendo el conflicto «un día a la vez».
A pesar del escepticismo general, el presidente aseguró que el proceso de diálogo en sí ha ido muy bien, abriendo la puerta a que se consolide un avance importante de cara al fin de semana, aunque bajo una estricta reserva de incertidumbre al recordar que, al final del día, «puede que no sea así, ya sabes, quién sabe».
Presión en el frente interno
Este complejo escenario internacional se produce de manera simultánea a un tropiezo en la política doméstica de Trump. El líder republicano acaba de registrar su primera derrota en el proceso de primarias de su partido luego de que el candidato al que respaldaba perdiera en los caucus de Iowa, lo que añade un foco de atención extra a la gestión de la Casa Blanca.
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