La prolongación de los bloqueos de carreteras en los principales ejes viales del país, que se extiende de manera ininterrumpida desde hace más de un mes, ha abocado a Bolivia a enfrentar una crisis sanitaria y humanitaria sin precedentes en su historia reciente. El aislamiento logístico y la sistemática obstrucción de rutas estratégicas han dejado ya un trágico balance de al menos nueve personas fallecidas. Las víctimas mortales corresponden a pacientes en traslados médicos de urgencia que no lograron alcanzar sus hospitales de destino, así como a ciudadanos que enfermaron gravemente atrapados en los puntos de conflicto vial sin posibilidad de recibir una asistencia médica oportuna.

​El impacto de las movilizaciones ciudadanas —iniciadas el pasado 1 de mayo en demanda de soluciones a la escasez de combustibles, mejoras salariales y la renuncia del presidente Rodrigo Paz— golpea con especial crudeza al departamento de La Paz y a la vecina ciudad de El Alto. Ante el colapso inminente de los servicios de salud y el desabastecimiento crítico, el Gobierno regional de La Paz ha determinado declarar formalmente el estado de emergencia sanitaria por un periodo inicial de 90 días. Esta disposición legal instruye de manera obligatoria a todos los establecimientos de salud dependientes de la Gobernación a priorizar estrictamente los cuidados críticos, obligándolos a suspender los procedimientos quirúrgicos programados no urgentes.

​Las inspecciones sobre el terreno realizadas por la Defensoría del Pueblo confirman un escenario crítico en la red sanitaria metropolitana. En el Hospital Municipal Boliviano Holandés de El Alto, las cirugías regulares han tenido que ser interrumpidas temporalmente debido a las medidas de racionalización y control extremo del oxígeno medicinal. Aunque el Ministerio de Sanidad distribuyó de urgencia 486 cilindros de oxígeno entre 11 hospitales de segundo y tercer nivel, la autonomía de estos centros se redujo en varios casos a menos de 12 horas o al desabastecimiento absoluto, mientras cientos de cisternas esenciales continúan inmovilizadas en las rutas nacionales.

​Frente a esta coyuntura, el defensor del Pueblo, Pedro Callisaya, instó con la máxima firmeza a los sectores movilizados a humanizar las medidas de protesta, exigiendo la apertura de vías inmediatas para el libre tránsito de insumos médicos, cargamentos de alimentos y ambulancias encargadas de trasladar a personas en situación de extrema vulnerabilidad.

​La escasez ya no se limita a insumos de alta complejidad clínica, sino que se ha extendido de forma alarmante al sustento diario de las instituciones de asistencia social. La Defensoría ha verificado una preocupante carencia de alimentos esenciales en cuatro centros hospitalarios de La Paz y El Alto, una crisis de suministro que también afecta directamente a dos centros de acogida para niños y adolescentes y a dos hogares para personas de la tercera edad. Frente a este panorama, las brigadas de mediación institucional multiplican esfuerzos en las carreteras, habiendo logrado de forma aislada viabilizar el ingreso de un camión cisterna con oxígeno hacia el municipio potosino de Llallagua —desabastecido desde fines de mayo— y coordinar la evacuación de emergencia de un transportista varado en Cochabamba con requerimientos oncológicos urgentes.

​Más allá del drama humanitario, las consecuencias financieras de esta parálisis prolongada amenazan la estructura productiva de la nación andina. Evaluaciones económicas de coyuntura estiman que las pérdidas acumuladas rozan ya los 2.000 millones de dólares. Este perjuicio patrimonial representa aproximadamente el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia, estrangulando el comercio interno, el transporte pesado y el abastecimiento energético general.

​Ante una situación que el Consejo Médico Nacional califica como un estado de emergencia institucional absoluto, los profesionales de la salud exhortan a todos los actores involucrados a deponer posiciones intransigentes. La comunidad médica insiste en la necesidad imperativa de priorizar la pacificación nacional, activar un diálogo honesto y restablecer el respeto sagrado a la vida y a la salud de la población civil boliviana, cuya estabilidad depende actualmente del desbloqueo inmediato de las vías de comunicación.

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