A finales de 2024, la fiebre amarilla empezó a avanzar con más fuerza en varios países de América Latina, situación que encendió las alertas de salud pública en toda la región. La Organización Panamericana de la Salud ha registrado un incremento preocupante de casos, lo que ha obligado a los países a fortalecer sus respuestas sanitarias ante este virus transmitido por mosquitos.

Los datos preliminares de 2026 muestran que esta enfermedad continúa afectando zonas clave de la región, con brotes que se mantienen o se propagan incluso fuera de áreas tradicionalmente consideradas de riesgo. Este avance genera un desafío adicional para los sistemas de vigilancia y las estrategias de prevención en el continente.

En Venezuela, la circulación de la fiebre amarilla también se ha hecho sentir con mayor intensidad, motivando acciones inmediatas por parte de las autoridades sanitarias. Ante el aumento de casos y la confirmación de brotes en varias entidades, el Gobierno ha puesto en marcha un plan nacional para detener la propagación del virus.

Por ello, el Ministerio del Poder Popular para la Salud decidió ampliar y acelerar la vacunación en los estados donde se han detectado contagios. Han priorizado Aragua, Barinas, Lara y Portuguesa como zonas clave para proteger a la población y evitar que la enfermedad siga avanzando.

Con este plan de inmunización intensivo se busca no solo reaccionar ante los casos actuales, sino también anticiparse y blindar a más personas frente a la fiebre amarilla, promoviendo la asistencia a los centros de vacunación para recibir la dosis que protege de esta grave infección.

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