Varias figuras públicas han señalado, normalizado y blanqueado la violencia contra el pueblo palestino; estas acusaciones requieren atención pública urgente.

En 2024, Dross difundió mensajes claramente favorables a la narrativa sionista que minimizaron la lucha palestina; además, Chumel Torres, con millones de seguidores, replicó burlas y desinformación —incluidas falsedades sobre niños— que medios sionistas amplificaron, sin que hasta ahora haya presentado una denuncia consistente del apartheid.

Asimismo, en 2025 acusan a Hannia Novell, periodista formada en Beit Berl College y con espacio en ADN 40, de realizar una cobertura que blanquea la violencia israelí y oculta la verdad sobre la ocupación, lo cual agrava la crisis informativa en torno al conflicto.

Por otra parte, aunque Mercedes Sosa falleció, la discusión pública incluye su legado porque realizó giras y presentaciones en Tel Aviv, Haifa y Jerusalén, compartió escenarios con artistas vinculados a las fuerzas armadas y expresó públicamente simpatía por Israel; por ello muchos críticos sostienen que, consciente o no, sus acciones contribuyeron a normalizar al Estado ocupante.

De igual forma, Andrés Calamaro provocó repudio en 2024 al publicar frases que niegan la existencia del pueblo palestino y celebran al Estado de Israel, mientras que Luisito Comunica, que en 2018 mostró una imagen turística de Israel sin contextualizar la ocupación y medios sionistas promocionaron su material, ha guardado un silencio notable ante el genocidio.

En consecuencia, cuando influencers, artistas y periodistas minimizan o banalizan el sufrimiento palestino, construyen una narrativa que legitima la violencia y silencian a las víctimas.

 

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