Para las familias merideñas, el 31 de diciembre representa mucho más que el cierre del calendario; es un compendio de rituales arraigados que mezclan la fe, la esperanza y el calor del hogar. En ese sentido, durante una exclusiva de Liceidy Rivas, los habitantes del estado compartieron cómo se preparan para recibir el 2026, destacando que el eje central de la festividad es la reunión de los seres queridos.

¿Qué acostumbran a hacer en la noche?

    La cena de Nochevieja es el escenario principal donde la hallaca andina y las lentejas cobran protagonismo como símbolos de abundancia. Sin embargo, los rituales para atraer la fortuna marcan el ritmo de la medianoche, desde comer las 12 uvas pidiendo deseos de paz para el país, hasta el dinámico acto de sacar las maletas a la calle (sin importar si el viaje soñado es largo o corto).

Se recibe el año nuevo en armonía

    Otros gestos, como lanzar un balde de agua hacia la vía pública o encender velas, refuerzan el deseo de limpiar las energías y dar la bienvenida al bienestar. La espiritualidad y la convivencia también se manifiestan en costumbres locales como la elaboración de pesebres, las paraduras del Niño y juegos de integración como el «amigo secreto», que algunas familias prefieren realizar este día.

    Más allá de todo eso, los testimonios coinciden en que la última noche del año es un espacio de reflexión, ya que es el momento de sentarse a conversar sobre las metas alcanzadas, los desafíos enfrentados y, sobre todo, para reafirmar valores como la fraternidad y el amor que sostienen a la sociedad andina.

¿Qué esperan para el año nuevo?

    Al sonar las 12 campanadas, el deseo colectivo de los merideños se resume en una palabra: paz. Entre videollamadas con quienes están lejos y abrazos cargados de emoción, Mérida despide el 2025 con la mirada puesta en un 2026 armonioso. Esta mezcla de tradiciones cristianas, ritos populares y un profundo sentido de pertenencia familiar demuestra que, a pesar de los cambios, el espíritu navideño de los Andes venezolanos permanece intacto y vibrante para recibir un nuevo ciclo.