A pocas horas de que el presidente estadounidense, Donald Trump, aterrice en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza miles de manifestantes han tomado ciudades como Zúrich para dejar claro que su presencia no es deseada.

    Con consignas como «Tira a Trump a la basura» y la quema simbólica de banderas de Estados Unidos, la indignación ciudadana ha escalado hasta convertirse en disturbios que obligaron a la policía antidisturbios a intervenir con cañones de agua, gases lacrimógenos y balas de goma.

    La chispa que encendió esta ola de protestas, que ya se extiende por Dinamarca y Groenlandia, es la reciente amenaza de Trump de anexionar el territorio groenlandés, una medida calificada por activistas y líderes locales como «nuevo colonialismo». En la capital de Groenlandia, Nuuk, el 25% de la población salió a marchar junto a su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, en la mayor movilización de su historia bajo el lema: «Groenlandia no está en venta».

Duras críticas desde el seno del foro

    La tensión también se trasladó al plano diplomático dentro del propio foro, ya que el gobernador de California, Gavin Newsom, no escatimó en críticas hacia sus homólogos europeos, tildando de «patética» la falta de firmeza frente a la retórica del mandatario estadounidense.

    Newsom comparó a Trump con un «Tiranosaurio Rex», advirtiendo que, en este juego de poder, los líderes mundiales «o se aparean con él o son devorados», instándolos a mantener una postura erguida y unida para defender la soberanía internacional. Mientras que, en las pistas de esquí de Davos se proyectan caricaturas que tachan a Trump de representar el «espíritu de la plutocracia», el mundo observa con cautela.

Fuente: Medios Internacionales

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