Hay conductas colectivas que simbolizan los sentimientos más profundos de un pueblo, esos que llaman los factores subjetivos que marcan su originalidad, que señalan un camino y una determinación, lo que en el caso venezolano no es otra cosa que la capacidad que asumir los desafíos más difíciles, sin dejar de lado el humor y la guachafita.

La Peregrinación por la paz y por el levantamiento definitivo de las sanciones económicas es una voluntad de lucha y una multitudinaria expresión de alegría que recorre el país de punta a punta.

Los papagayos llegaron con la primavera en marchas populares que avanzan hacia Caracas, en medio de una gran expectativa por los anuncios que en materia salarial expondrá la Presidenta encargada, Delcy Rodríguez, en vísperas del Día Internacional de los Trabajadores, el 1° de Mayo.

Este torrente humano que muestra su clara convicción de preservar la estabilidad política y, por encima de todo, la paz, es también una respuesta a quienes con una mueca de sarcasmo y cinismo pretenden “tapar el sol con un dedo”, cuando afirman que aquí no hay ningún bloqueo a la economía, con lo que buscan esconder su crimen: el apoyo a las sanciones que tanto daño le hacen al pueblo.

Venezuela unida levanta la bandera de la paz porque no quiere que se repita un hecho tan abominable como el del tres de enero, y al mismo tiempo, porque reclama nuestro derecho a comerciar libremente, a trabajar por el crecimiento de la economía, y restablecer el Estado de Bienestar, que es una obra común, que es un logro de todos.

Los que apoyan las sanciones son los mismos que ahora intentan acabar con nuestra democracia, pero, afortunadamente, la peregrinación por la paz avanza en los corazones del pueblo.

360/RD