La frágil tregua de dos semanas alcanzada entre Estados Unidos e Irán sufrió un duro revés este miércoles. Tras haber permitido el paso autorizado de dos buques petroleros durante la mañana, el Gobierno iraní ordenó el cierre total y definitivo del estrecho de Ormuz. Esta medida responde a la masiva ofensiva militar ejecutada por Israel en territorio libanés, lo que Teherán califica como una violación flagrante a los acuerdos de desescalada, a pesar de que Washington e Israel sostienen que el Líbano no formaba parte del pacto de alto el fuego.
El cierre de la vía marítima, por donde circula el 20% del crudo mundial, se produce simultáneamente con la Operación «León Rugiente», descrita por las Fuerzas de Defensa de Israel como el mayor ataque coordinado en la historia del Líbano. Según informes del ministro de Salud libanés, Rakan Nasser al Din, los bombardeos han causado «cientos» de muertos y heridos, dejando la red hospitalaria del país en un estado de colapso absoluto ante la magnitud de la destrucción en zonas residenciales y comerciales.
La situación se tornó aún más crítica tras registrarse varias explosiones en una refinería estratégica en la isla iraní de Lavan. Aunque Irán ha logrado contener los daños en la infraestructura, la Guardia Revolucionaria ha emitido una alerta de combate en el Golfo Pérsico, advirtiendo que cualquier buque que intente forzar el paso por el estrecho de Ormuz será interceptado o destruido. El presidente Donald Trump, por su parte, minimizó los ataques en Líbano calificándolos como una «escaramuza separada», declaración que ha inflamado las tensiones con los mediadores internacionales.
Con el tráfico energético interrumpido por segunda vez en menos de 24 horas, el precio del petróleo ha vuelto a dispararse en los mercados internacionales, anulando el optimismo generado por la tregua matutina. Mientras la población libanesa enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes, el mundo observa con alarma cómo el conflicto se desplaza nuevamente hacia los puntos neurálgicos de la economía global, dejando el futuro de la paz regional bajo una incertidumbre total.
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