La nave espacial Orion, perteneciente a la histórica misión Artemis II de la NASA, amerizó con éxito la noche de este viernes frente a las costas de San Diego, California. El retorno marcó el cierre de una fase crítica que comenzó 42 minutos antes del impacto, cuando el módulo de tripulación se separó del de servicio para iniciar una precisa maniobra de ajuste de entrada. Este hito consolida el camino de la humanidad hacia el regreso definitivo a la superficie lunar.

El descenso fue una prueba de fuego para la tecnología aeroespacial, ya que la cápsula penetró la atmósfera terrestre a una altitud de 122 kilómetros y a una velocidad vertiginosa de 38.400 km/h. Durante este tramo, la fricción generó una capa de plasma que interrumpió las comunicaciones por seis minutos y sometió a la tripulación a una aceleración de 3,9 veces la gravedad terrestre. El silencio terminó cuando el comandante Reid Wiseman confirmó la señal: «Houston, aquí Integrity, los recibimos alto y claro».

En la fase final, la nave descendió hasta los 60 kilómetros para realizar un planeo controlado antes del vuelo atmosférico definitivo. Entre los 10 y 5 kilómetros de altura, se desplegaron con éxito los paracaídas principales, permitiendo que la Orion tocara las aguas del Pacífico de forma suave y segura. Tras el impacto, los equipos de rescate procedieron de inmediato a la recuperación de la cápsula y a la extracción de sus ocupantes bajo estrictos protocolos de seguridad.

Finalmente, la tripulación fue evacuada y trasladada al buque USS John P. Murtha, donde se iniciaron las evaluaciones médicas pertinentes antes de su traslado al Centro Espacial Johnson en Houston. Con este amerizaje exitoso, la NASA no solo celebra el regreso de sus astronautas, sino que valida oficialmente los sistemas de protección térmica y de recuperación para las próximas misiones que llevarán al ser humano a caminar nuevamente sobre la Luna.

Fuente: RT

360/DRR