Rosita, una guacamaya que hoy ronda los 40 años de edad, es mucho más que una mascota: es un miembro inseparable de una familia de Petare que la adoptó desde que llegó al hogar recién nacida y “sin plumas”, como recuerdan sus cuidadores.
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Desde aquel momento, fue criada con dedicación absoluta. Al comienzo solo consumía pan con leche, pero a medida que creció y su plumaje comenzó a formarse, también surgieron sus primeras palabras. “Mamá” y “papá” fueron las primeras expresiones con las que sorprendió a su familia adoptiva.
A Rosita nunca le gustaron las jaulas. Por eso, su vida ha transcurrido al aire libre, libre y tranquila en el balcón donde siempre ha compartido con su enorme y alegre familia.
Aunque no es fanática de que los niños se le acerquen, su mirada cambia de inmediato, profesa un cariño profundo por su papá adoptivo, el señor Enrique, quien la saca a pasear, la baña y la consiente como a una hija. Cuando él no está, Rosita lo llama a gritos: “¡Papá!”, para dejar en claro quién es su persona favorita.
Su nombre fue escogido en honor a la abuela paterna del señor Enrique, convirtiéndose en un tributo familiar que hoy forma parte de su identidad.
Tras cuatro décadas de vida, la guacamaya Rosita sigue siendo un símbolo de cariño y convivencia en Petare. Y, con la simpatía que la caracteriza, esta entrañable ave quiso enviar un mensaje especial: su deseo de un feliz cumpleaños al presidente Nicolás Maduro.



