Bajo el implacable sol del verano, la ayuda humanitaria destinada a Gaza se deteriora sin protección en el cruce fronterizo de Kerem Shalom. Cientos de cajas con alimentos permanecen expuestas a las altas temperaturas mientras la hambruna se intensifica en la Franja.
En el lugar, sacos de harina rasgados, botellas de aceite recalentadas, pastas cubiertas de moho y zumos derramados forman un paisaje desolador. Muchos paquetes llevan los sellos de UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y organizaciones como World Central Kitchen. Sin refrigeración ni cobertura, la comida se vuelve inservible, mientras aves de rapiña rondan lo que debería haber sido sustento para miles.
Aunque Israel reabrió parcialmente los cruces fronterizos a finales de mayo, la ayuda que logra entrar sigue siendo escasa, y su distribución dentro del enclave implica un alto riesgo. Según fuentes médicas, más de 1.000 gazatíes han muerto por disparos del Ejército israelí en puntos de reparto o en las rutas de distribución.
ONU: “La hambruna también mata”
Para la ONU, los 2,1 millones de personas atrapadas en Gaza enfrentan un enemigo tan letal como las bombas y las balas: el hambre. “Los edificios están dañados, las líneas eléctricas cortadas, no hay agua ni capacidad para mantener operativos nuestros paneles solares”, denunciaron fuentes humanitarias.
Un convoy con 25 camiones del Programa Mundial de Alimentos, que llevaba comida hacia el norte del enclave, se encontró con una multitud desesperada. La escena terminó en tragedia: varias personas murieron y muchas otras resultaron heridas tras ser tiroteadas.
“El WFP reitera que la violencia contra civiles que buscan ayuda humanitaria es inaceptable”, subrayó el organismo.
Mientras tanto, los alimentos siguen descomponiéndose bajo el sol, sin llegar a quienes más los necesitan. La tragedia humanitaria en Gaza continúa.
Fuente: Medios Internacionales
360°/AR/CV






