El candidato presidencial del Partido Republicano de Chile, José Antonio Kast, volvió a generar polémica este miércoles al defender una de sus propuestas más controvertidas: exigir que los 336.000 migrantes en situación irregular abandonen el país y paguen ellos mismos su pasaje de retorno. La idea ha sido señalada por distintos sectores como una medida cruel, desproporcionada y abiertamente inhumana.
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Kast dejó claro que, si llega a La Moneda, quienes no acepten salir por voluntad propia enfrentarán sanciones y quedarán impedidos de volver a pisar territorio chileno de por vida. Sus planteamientos, que han encendido el debate público, se enmarcan en un enfoque extremadamente duro hacia la migración, especialmente hacia la venezolana. El contraste no pasa desapercibido: Chile, hace apenas unas décadas, también pidió refugio en otros países —incluida Venezuela— cuando miles de sus ciudadanos huyeron de la dictadura de Augusto Pinochet.
Durante su intervención, Kast afirmó que por cada persona que sea detenida y expulsada “al menos cinco se irán voluntariamente”, lo que para muchos revela una política basada más en la presión y el temor que en soluciones de fondo.
El aspirante presidencial también adelantó que aquellos migrantes que tengan procesos judiciales activos no serán objeto de expulsión hasta que cumplan totalmente sus condenas, un punto que refuerza el carácter punitivo del plan que defiende.
Sobre el caso venezolano, Kast propuso crear “centros de refugio” para agrupar a quienes esperan ser repatriados, hasta que el gobierno de Caracas disponga de aviones para trasladarlos. Esta medida, señalada como discriminatoria e inhumana por organizaciones de derechos humanos, ha profundizado las críticas hacia el proyecto migratorio del candidato republicano.
Fuente: Medios Internacionales
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