En una serie de entrevistas exclusivas realizadas por Kenia Ferrer, la comunidad ha alzado la voz sobre un tema que preocupa en cada hogar: el uso excesivo de celulares en la infancia.
El sentimiento general es de rechazo rotundo, no por una fobia a la tecnología, sino por la necesidad de una formación más sana: «A uno mismo le ha hecho daño; yo antes ya me había leído dos o tres libros», comentaba uno de los entrevistados, subrayando que si los adultos se distraen con las pantallas, el impacto en los niños es mucho peor: «Ellos tienen que leer y estudiar«.
La preocupación principal radica en cómo los dispositivos parecen «anular« la conexión de los niños con el mundo real. Según los testimonios, los pequeños «se ciegan« y se encierran en su propio universo, volviéndose incluso agresivos cuando se intenta romper el ciclo:
«Muchos niños se ponen muy violentos después de que les quitan el celular», advierte una voz preocupada, mientras otra abuela relata una realidad alarmante sobre la salud: «Mi nieta dura toda la noche sin dormir y duerme de día«.
Lo más revelador fue el testimonio de una niña que, a pesar de tener un equipo, reconoció que prefiere los libros de papel, para ella, el aparato es solo una herramienta de seguridad para llamar a su madre, pero su consejo para otros niños fue contundente: «No lo usen tanto, que eso daña la mente«.
Esta visión refuerza el llamado de los adultos a priorizar juguetes adecuados para la edad y fomentar la lectura, sugiriendo incluso la necesidad de leyes que regulen el acceso a la tecnología en las aulas y el hogar.
Kenia Ferrer
360°/PG/OBP









