El gobierno de los Estados Unidos ha escalado su estrategia de presión económica contra Teherán mediante un ultimátum global. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció este miércoles que Washington está preparado para imponer «sanciones secundarias» a cualquier nación o empresa privada que compre petróleo iraní o mantenga transacciones financieras con el país persa. Según el alto funcionario, esta medida busca asfixiar las fuentes de ingresos de Teherán, advirtiendo que la ofensiva económica será el equivalente financiero de las actividades militares que actualmente ejecutan las tropas estadounidenses e israelíes.

​En este contexto de máxima tensión, el presidente Donald Trump aseguró que el conflicto armado está «a punto de terminar», condicionando la paz a que Irán acepte renunciar por completo a sus ambiciones nucleares. El mandatario adelantó que los próximos dos días serán decisivos, ya sea por el éxito de las nuevas negociaciones de paz previstas en Islamabad, Pakistán, o por el inicio de una acción militar definitiva. Trump descartó tajantemente prorrogar el cese al fuego pactado la semana pasada, tras considerar que la ronda de conversaciones previa fracasó por la falta de flexibilidad de la parte iraní.

​Por su parte, el vicepresidente J. D. Vance informó que se han logrado avances importantes en la definición de los límites bajo los cuales Washington estaría dispuesto a negociar, aunque enfatizó que el acuerdo final depende exclusivamente de que Irán acepte los puntos cruciales planteados por la Casa Blanca. Mientras tanto, las autoridades iraníes han rechazado estas posturas, calificándolas de «irracionales y alejadas de la realidad». La falta de consenso mantiene el estrecho de Ormuz bajo un bloqueo que, aunque presenta reportes de cruces esporádicos, ya está provocando un alza crítica en los precios globales del petróleo.

​Finalmente, la comunidad internacional observa con cautela este nuevo ciclo de conversaciones en Islamabad. El bloqueo de rutas marítimas estratégicas y la amenaza de sanciones a terceros países han generado una creciente preocupación por el impacto en la economía mundial. Con el presidente Trump prometiendo resultados definitivos en un plazo de 48 horas, el escenario se divide entre la posibilidad de un acuerdo histórico de desnuclearización o la reanudación total de las operaciones militares en el Golfo Pérsico.

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