Eran exactamente la 1:57 de la madrugada del pasado 3 de enero cuando la vida de Elena Berti, de 78 años, dio un giro trágico, ya que mientras dormía en su hogar de toda la vida en el sector La Boyera, municipio El Hatillo, un estruendo ensordecedor la despertó violentamente.

    En medio de la confusión y la oscuridad, su primera reacción fue pensar que se trataba de un terremoto, sin imaginar que su casa estaba siendo alcanzada por el ataque perpetrado por Estados Unidos contra Venezuela. El relato de Elena describe una escena de caos absoluto en cuestión de segundos.

    Al levantarse apresuradamente para ponerse a salvo, no notó de inmediato que el ventanal de su habitación se había hecho añicos y que la fuerza del impacto había hecho volar el espaldar de su propia cama, además frente a ella, el espejo del tocador y la televisión reventaron por completo. «Fue un horror», confiesa Elena al recordar el momento en que, tras salir de la vivienda, regresó para descubrir que su hogar de más de 50 años había quedado desbaratado por la magnitud de la explosión.

    A 9 días del suceso, Patricia Salazar, hija de Elena, califica como un milagro que su madre haya salido ilesa de una habitación donde los muebles y cristales volaron por los aires. A pesar de los daños materiales y del impacto emocional de ver su hogar destruido, esta familia se mantiene unida y con la esperanza puesta en la reconstrucción de sus espacios. El testimonio de Elena Berti queda como un registro directo de lo vivido por los habitantes del este de Caracas durante esa madrugada.

Lorena Arismendi

360°/PG/CV