El destructor USS Gravely, perteneciente a la Armada de Estados Unidos, zarpó este jueves de las cercanías de Trinidad y Tobago, luego de permanecer durante cuatro días a unos 10 kilómetros de las costas venezolanas. Su presencia había despertado atención y preocupación en la región, especialmente por el contexto político y militar que la rodeaba.
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La salida del buque ocurre en medio del operativo antidrogas que Washington mantiene en el Caribe, una estrategia que incluye amplios despliegues militares bajo el argumento de frenar el tráfico de sustancias ilícitas. Esta acción ha sido vista con recelo por varios gobiernos latinoamericanos, que cuestionan la presencia sostenida de naves de guerra estadounidenses en aguas cercanas.
La estadía del Gravely no pasó desapercibida para Caracas. El Gobierno venezolano calificó su presencia como una “provocación”, señalando que Estados Unidos busca tensionar las relaciones en la zona. En paralelo, las fuerzas estadounidenses han continuado con sus operaciones contra el narcotráfico, pese a los cuestionamientos sobre la legalidad y las consecuencias de sus acciones.
En días recientes, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó un ataque contra una embarcación supuestamente vinculada al tráfico de drogas en aguas internacionales, que dejó cuatro muertos. Este hecho se suma a otros bombardeos realizados en el Pacífico oriental, donde también resultaron más de una decena de víctimas. Según reportes oficiales, ya suman 15 ataques entre el Caribe y el Pacífico, con un total de 62 fallecidos, aunque las autoridades estadounidenses no han presentado pruebas que vinculen directamente a los fallecidos con actividades ilícitas.
Desde Venezuela, el presidente Nicolás Maduro anunció este miércoles 29 de octubre la interceptación de tres aeronaves dedicadas al narcotráfico, destacando el compromiso del país en la lucha contra ese delito. En paralelo, se mantiene el despliegue militar de Estados Unidos en la región, que incluye siete buques de guerra, aviones F-35 y el grupo de ataque del portaaviones USS Gerald R. Ford, una demostración de fuerza que mantiene la tensión latente en el Caribe.
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