El Gobierno canadiense llegó a un acuerdo con la provincia de Alberta para impulsar la construcción de un oleoducto que conectará directamente con el Pacífico y abrirá la puerta a la exportación de petróleo hacia Asia. Según lo previsto, la infraestructura —financiada con inversión privada— moverá alrededor de un millón de barriles diarios.
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Como parte de este pacto, el Gobierno federal aceptó suspender temporalmente varias normativas de energía limpia en Alberta. También anunció que levantará la prohibición que impedía el tránsito de buques petroleros en la costa del Pacífico, una medida clave para que el crudo pueda salir sin restricciones hacia los mercados asiáticos.
El primer ministro Mark Carney defendió el acuerdo como una respuesta necesaria frente a los cambios del comercio global. Además, aseguró que este paso permitirá diversificar los destinos del petróleo canadiense y que posicionará al país como «superpotencia energética».
Aun así, el proyecto desató una fuerte ola de rechazo. La provincia de Columbia Británica expresó su total desacuerdo con el oleoducto y con la presencia de petroleros en sus aguas. A esto se suman organizaciones ambientalistas y comunidades indígenas, que también rechazan la iniciativa pese a la oferta de participación accionaria para los pueblos originarios.
Hoy en día, casi todo el petróleo canadiense termina en el mercado estadounidense, por lo que este nuevo corredor energético busca reducir esa dependencia y abrir una ruta directa hacia Asia.
360°/AR/OBP
