Los tardígrados, pequeños microanimales conocidos como “ositos de agua”, son criaturas que desafían los límites de la supervivencia. Miden menos de un milímetro, pero, a pesar de su tamaño diminuto, poseen una capacidad de resistir condiciones extremas que destruyen a casi cualquier otro ser vivo. Desde temperaturas cercanas al cero absoluto hasta el vacío del espacio, estos organismos han demostrado ser verdaderamente resistentes.

Desde su descubrimiento en el siglo XVIII, los tardígrados han sido sometidos a pruebas que evidencian su asombrosa endurance. Pueden soportar explosiones de radiación ionizante, presiones extremas, deshidratación total y años sin alimento. Lo más notable es su habilidad para reparar rápidamente su ADN dañado por radiación, según estudios recientes publicados en Current Biology.

Otra característica fascinante es su capacidad para entrar en un estado conocido como “tun”. Cuando su ambiente se seca, producen proteínas especiales llamadas CAHS, que forman una red de gel que protege sus células. Así, en este estado, pueden sobrevivir durante décadas sin agua ni alimento. Cuando la humedad vuelve, estas proteínas se disuelven, permitiendo que se rehidraten y vuelvan a la vida con solo una gota de agua.

Su resistencia también se ha probado en el espacio: algunos tardígrados enviadas al vacío y a la radiación solar lograron sobrevivir. En un experimento, el 60 % de los ejemplares que permanecieron en aire líquido a -190 °C lograron revivir después de casi dos años.

Con más de 1.100 especies conocidas, los tardígrados son parientes cercanos de los insectos y crustáceos. Aunque no prosperan en ambientes extremos, su extremotolerancia los convierte en foco de estudio en genética, biotecnología y astrobiología. La capacidad de estos seres para sobrevivir en condiciones extremas plantea la posibilidad de vida en otros planetas y abre caminos para nuevas investigaciones científicas.

Fuente: RT

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