La eurozona sumó este martes a su miembro número veintiuno con la entrada oficial de Bulgaria, un paso histórico que llega marcado por una fuerte resistencia social. De acuerdo con la agencia Myara, el 57 % de los ciudadanos rechaza la adopción del euro, mientras apenas un 39 % la respalda, principalmente por el temor a un aumento en el costo de la vida.
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La decisión coincide con un momento político delicado. La reciente renuncia del primer ministro Rosen Zheliazkov se produjo tras semanas de protestas contra los presupuestos de 2026, los primeros elaborados completamente en la moneda común. Las movilizaciones, que se intensificaron a comienzos de diciembre, dejaron en evidencia el distanciamiento entre las autoridades y buena parte de la población.
El Consejo de la Unión Europea dio luz verde a la adhesión y estableció un tipo de cambio fijo de 1,95583 levas por euro. Para dar mayor transparencia al proceso y reducir la incertidumbre, los comercios muestran los precios en ambas monedas desde agosto pasado y mantendrán esta modalidad hasta el 8 de agosto de 2026, como medida preventiva ante posibles abusos.
Durante enero de 2026, Bulgaria convivirá con un sistema de doble circulación monetaria, en el que el euro y la leva tendrán validez legal. A partir del 1 de febrero, el euro pasará a ser la única moneda oficial, aunque el Banco Nacional de Bulgaria continuará canjeando levas de forma gratuita y sin límites de tiempo.
Las nuevas monedas ya están en circulación con símbolos nacionales como San Paisio de Hilandar e Iván de Rila, mientras el Banco Central Europeo iluminó su sede en Frankfurt para conmemorar la adhesión. Sin embargo, el reto central no es técnico, sino social y político: el próximo gobierno deberá recuperar la confianza de una ciudadanía que, pese a la estabilidad que promete el euro, sigue observando el cambio con cautela.
Fuente: Medios Internacionales
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