Un nuevo estudio revela que las bacterias resistentes a los antibióticos, conocidas como resistoma, están llegando a lugares inesperados del planeta, incluyendo áreas protegidas, entornos migratorios y hasta el extremo sur de la Tierra, en la Antártida. Esto genera preocupación en la comunidad científica, que advierte sobre el impacto del cambio climático y las actividades humanas en la diseminación de estos genes resistentes.

 

¿Qué está pasando?

Las investigaciones señalan que las aves migratorias, como gaviotas y cigüeñas, transportan genes de resistencia a diferentes antibióticos durante sus viajes, llegando incluso a lugares con poca intervención humana. En especies como la gaviota sombría, se encontraron genes que los hacen resistentes a antibióticos de última línea, utilizados cuando otros fármacos fallan. Estas aves, que vuelan desde Europa y pasan por España, dispersan estos genes en diferentes ecosistemas.

Los científicos también detectaron resistoma en áreas remotas como la Antártida. Gracias a técnicas avanzadas, descubrieron genes de resistencia en pingüinos y ambientes con poca influencia humana, lo que sugiere que la presencia de estos genes no solo llega con la acción humana, sino que también puede ser parte de un antiguo patrimonio microbiano que se reactiva con el deshielo de los glaciares. El aumento de descongelamientos, impulsado por el cambio climático, conecta estos sitios con ecosistemas más templados, potencialmente facilitando la dispersión de bacterias resistentes.

 

¿Por qué es importante?

La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia antimicrobiana como una de las mayores crisis de salud del siglo. La expansión de genes resistentes en ambientes naturales puede hacer que enfermedades infecciosas sean mucho más difíciles de tratar en el futuro.

Es fundamental reducir el uso inadecuado de antibióticos y gestionar mejor los residuos para frenar la propagación de resistencia. Además, estos hallazgos resaltan la importancia de un enfoque global, que tenga en cuenta la salud de los humanos, los animales y los ecosistemas.

La ciencia continúa explorando estos fenómenos para entender mejor el papel del cambio climático y la contaminación en la resistencia antimicrobiana. Mantener la vigilancia en ecosistemas aislados, aprender de las aves migratorias y reducir la contaminación son pasos clave para enfrentar esta amenaza invisible pero global.

 

Fuente: SINC

360°/PG/CV