La tensión por las nuevas políticas migratorias en Estados Unidos alcanzó un punto crítico tras la muerte de Renee Good, una ciudadana estadounidense de 37 años, a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE).
El incidente, ocurrido el pasado martes durante lo que las autoridades federales calificaron como un «operativo de rutina», ha generado una ola de indignación y ha reabierto el debate sobre el uso de la fuerza letal en zonas residenciales.
Las imágenes muestran el momento en que varios agentes federales rodean un vehículo que se encontraba bloqueado; cuando la conductora intentó maniobrar para evadir el control, uno de los oficiales disparó directamente contra el asiento del piloto. El vehículo terminó impactando contra otro carro estacionado, confirmándose poco después el fallecimiento de la mujer en el lugar.
La Casa Blanca y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) han salido en defensa del oficial involucrado, alegando que el acto fue una respuesta a un intento de atropello y calificando la acción de la mujer como un «acto de terrorismo doméstico». Sin embargo, el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, rechazó categóricamente esta versión, calificando los argumentos oficiales de «basura» y asegurando que el uso de la fuerza fue injustificado y generador de un caos innecesario en la ciudad.
Este hecho ha encendido las alarmas especialmente entre la comunidad inmigrante y latina, quienes temen quedar atrapados en el fuego cruzado de estas operaciones masivas. El incidente cobra un peso simbólico mayor al haber ocurrido a menos de dos kilómetros del sitio donde murió George Floyd en 2020, reavivando traumas sociales y cuestionando el despliegue de más de 2,000 agentes federales en vecindarios civiles.
Fuente: Medios Internacionales
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