Por: Roy Daza
Lo que está pasando en Venezuela en medio de la más terrible catástrofe que hayamos experimentado, es que desde el primer momento emergió desde las vetas más hondas de nuestra Patria la acción solidaria: el rescate de los que quedaron con vida, la búsqueda de las víctimas en los escombros, la atención a los heridos, la organización de los campamentos transitorios y la reconstrucción en marcha.
Esto es “amor del bueno y real”, como dice la gobernadora de Aragua, Joana Sánchez, porque se trata de ayudar oportunamente, como lo están haciendo nuestros muchachos y muchachas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, de Defensa Civil, de los bomberos de todo el país, de servidores públicos de las instituciones del Estado, que de inmediato se pusieron al frente de la tarea clave: salvar vidas.
Nuestro pueblo se dirigió a las zonas de desastre a ayudar, a llevar una arepa con queso y mantequilla, ropa, pañales, sopa caliente, medicinas, la solidaridad se expresó en todo el país, mientras que de 42 naciones nos llegó ayuda, sobre todo, la invaluable cooperación de los rescatistas internacionales, que, según ellos mismos, se llevan a sus hogares la experiencia de conocer de cerca, a un pueblo solidario.
Ahora mismo comienza la reconstrucción, para lo cual, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, trazó la línea a seguir: a) activación del Fondo Venezuela Renace, b) iniciar la construcción de viviendas con los recursos que tenemos represados en el FMI y otras instituciones financieras internacionales, c) entregar una asignación mensual a las familias afectadas por los sismos, d) apertura de una cartera crediticia para reparaciones y adquisición de viviendas, e) prohibición de exportar materiales de construcción.
Toda la Patria pone en marcha sus poderes creadores, su amor eficaz, su amor del bueno y real.
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