Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio han alcanzado un nuevo punto crítico tras el derribo de un helicóptero militar AH-64 Apache del Ejército de EE. UU. en el estrecho de Ormuz. El presidente estadounidense, Donald Trump, calificó el incidente como un acto que exige una respuesta obligatoria por parte de la Casa Blanca, anticipando una inminente represalia militar contra la República Islámica de Irán.

El incidente, ocurrido el pasado 8 de junio a las 23:33 UTC en aguas cercanas a la costa de Omán, involucró a una de las aeronaves de combate más sofisticadas del Pentágono mientras realizaba labores de patrullaje. A través de un comunicado en su red Truth Social, Trump rompió el silencio sobre el ataque:

«Acabo de ser informado por nuestras grandiosas fuerzas militares que anoche los iraníes derribaron uno de nuestros altamente sofisticados helicópteros Apache… Estados Unidos debe, por necesidad, responder a este ataque».

Pese al impacto y la pérdida de la unidad aérea, el mandatario confirmó que los dos pilotos a bordo lograron sobrevivir y se encuentran «a salvo y sin heridas». Por su parte, el Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) mantiene abierta una investigación para esclarecer los detalles técnicos del derribo.

Un corredor marítimo bajo fuego y bloqueos mutuos

Este enfrentamiento directo se produce en el contexto de la ofensiva sostenida por Washington y Tel Aviv contra Teherán desde finales de febrero. El estrecho de Ormuz y el mar Arábigo se han convertido en un escenario de asfixia económica y militar recíproca:

  • Vigilancia de la 5.ª Flota: La Armada estadounidense justifica su despliegue y bloqueo naval en el mar Arábigo como una medida de protección para las líneas de suministro globales.

  • Contrabloqueo de Teherán: En respuesta a las acciones de EE. UU. e Israel, las fuerzas iraníes mantienen cerrado el estrecho de Ormuz, interrumpiendo el flujo regular en uno de los puntos estratégicos más importantes del planeta.

360/AP/DRR