Una fuerte sacudida geopolítica generaron las recientes aseveraciones de la mandataria puertorriqueña, Jenniffer González Colón, al asegurar que el Pentágono proyecta una ofensiva militar inminente contra Cuba. La gravedad de estas afirmaciones, vertidas sin el aval de portavoces de la Casa Blanca ni del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, colocó bajo la lupa la estabilidad de la seguridad en la región caribeña.
Durante su intervención en el espacio digital MoluscoTV, la funcionaria colocó a la isla en el epicentro de la estrategia de defensa estadounidense, definiéndola como un enclave logístico primordial para las maniobras imperiales. De acuerdo con la visión de González Colón, este despliegue de fuerza estuvo enfocado recientemente en operaciones hacia Venezuela y ahora cambiaría de rumbo hacia territorio cubano.
Tensión regional bajo el relato de una confrontación global
La gobernadora dio por sentado un escenario de beligerancia activa al manifestar textualmente: “Tenemos una guerra con China, tenemos una guerra con Irán, con Rusia. Teníamos una guerra hasta hace unos días con Venezuela y vamos a tener una con Cuba la próxima semana”. Tales predicciones sobre un conflicto armado a corto plazo se difundieron sin el soporte de pruebas de inteligencia, documentos oficiales o reportes logísticos verificables que sustenten un desplazamiento de tropas de esa magnitud.
González Colón justificó la utilización de Puerto Rico como base de operaciones encuadrando la coyuntura en una presunta reactivación de la Guerra Fría, donde Washington mide fuerzas con potencias de la talla de Moscú, Pekín y Teherán.
Incertidumbre y debate internacional
La intervención de la mandataria desató inmediatas críticas en círculos políticos y diplomáticos. La falta de un pronunciamiento aclaratorio por parte del gobierno federal estadounidense alimentó las dudas en la opinión pública, debido a que las afirmaciones carecen de cualquier filtro institucional.
Especialistas en relaciones internacionales advirtieron sobre las consecuencias de propagar discursos de confrontación bélica en el Caribe basados en meras conjeturas. Asimismo, señalaron que la disparidad de criterios entre San Juan y Washington evidencia una profunda desconexión institucional en el manejo de temas de alta seguridad transnacional.
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