La Casa Blanca ha puesto la mira en el potencial hidrocarburífero de Suramérica para afianzar su liderazgo en los mercados internacionales. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su administración avanza en una etapa de «abundancia energética», donde la reactivación de los lazos comerciales con Venezuela se perfila como el movimiento clave para el equilibrio del suministro mundial de crudo.
El mandatario estadounidense sorprendió al calificar el estado actual de las relaciones bilaterales con Caracas como inmejorable. “Nos llevamos muy bien con Venezuela, se está gestionando de maravilla”, aseguró, al tiempo que vinculó esta buena sintonía con el progresivo e irreversible desembarco de empresas transnacionales en territorio venezolano, cuyo objetivo es modernizar la infraestructura de extracción y potenciar la cooperación técnica.
El control del mercado mundial
El núcleo del planteamiento de la Casa Blanca radica en el peso geométrico que supone la unión de los recursos de ambas naciones. Trump detalló que el trabajo conjunto entre la capacidad operativa norteamericana y los yacimientos venezolanos otorgaría un dominio casi absoluto sobre el mapa energético internacional:
- Control de reservas: Al unificar los recursos de ambos países, se concentraría, bajo criterios de la administración estadounidense, cerca del 64% del petróleo de todo el planeta.
- Autosuficiencia y excedentes: El presidente remarcó el músculo de su país al señalar que «Estados Unidos tiene tanto petróleo que somos exportadores, nos sobra», añadiendo que la calidad de su crudo es la mejor del sector energético global.
Con este enfoque, Washington rompe con los esquemas previos y sitúa formalmente a Venezuela dentro de su arquitectura de seguridad energética de largo alcance, validando su rol como actor imprescindible de la geopolítica mundial.
360/AP/DRR



