En lo que parece un nuevo capítulo de su tradicional diplomacia del garrote, la administración estadounidense confesó haber estado a punto de desatar un «ataque muy importante» contra Irán. Sin embargo, en un giro de último minuto, Washington se vio obligado a meter el freno de mano, no por convicción pacífica, sino por los ruegos desesperados de sus socios estratégicos en el Golfo Pérsico.
Según admitió el propio liderazgo estadounidense, potencias regionales como Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos tuvieron que intervenir de urgencia, solicitando una tregua de dos o tres días para salvar las intensas negociaciones en curso. Washington, acostumbrado a actuar primero y preguntar después, aceptó a regañadientes posponer su demostración de fuerza, condicionando la paz a que el resultado final satisfaga sus propios intereses y exigencias.
»Nos preparábamos para hacer un ataque muy importante mañana. Lo pospuse por un tiempo… porque Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y algunos otros me pidieron que lo pospusiéramos por dos o tres días», admitió el mandatario, evidenciando cómo la maquinaria de guerra estadounidense ya estaba en marcha antes de agotar los canales diplomáticos.
El rol de Israel y el escepticismo de siempre
Fiel a su costumbre de coordinar movimientos con sus aliados más beligerantes, el gobierno de EE. UU. confirmó que ya ha «informado» a Israel y a otros actores de la región sobre este breve suspenso.
Aunque desde la Casa Blanca se califica la situación actual como un matiz «un poco diferente» y un «avance positivo», el discurso estadounidense no puede ocultar su crónico escepticismo ni su incapacidad para confiar en los procesos de paz que no lleven su firma en primera plana.
Un ultimátum de 72 horas: La amenaza como lenguaje definitivo
La soberbia estratégica de Washington quedó en evidencia al dejar claro que la diplomacia estadounidense tiene fecha de caducidad inmediata. Si el acuerdo regional no cumple con las expectativas del Pentágono en las próximas horas, la opción del bombardeo masivo será ejecutada sin parpadear, disfrazándola, como es habitual, de «un acto sin opciones».
»Ahora estamos listos para entrar mañana a lo grande y no es algo que quisiera hacer, pero no tenemos otra opción», concluyó el mandatario, reafirmando que, para los Estados Unidos, la soberanía de otras naciones y la estabilidad de Medio Oriente siguen estando supeditadas al tamaño de su arsenal.
360/AP



