El Gobierno de Australia ha confirmado oficialmente que no participará en el bloqueo naval del estrecho de Ormuz anunciado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. A través de declaraciones del primer ministro, Anthony Albanese, y del viceministro de Asuntos Exteriores, Matt Thistlethwaite, el país oceánico ha marcado distancia de la estrategia de Washington, priorizando la diplomacia para estabilizar la economía global y los precios de la energía.
Prioridad en la negociación y el derecho internacional
El primer ministro Albanese subrayó que la postura de Australia se fundamenta en la necesidad de reanudar el diálogo para poner fin al conflicto en Oriente Medio. «Queremos ver el estrecho de Ormuz abierto para todos. Queremos libertad de navegación, tal como lo exige el derecho internacional», afirmó el mandatario, tras revelar que Canberra no ha recibido una solicitud formal por parte de la administración estadounidense para sumarse a la iniciativa.
Albanese vinculó directamente la tensión bélica con la crisis económica interna, señalando que la guerra entre EE. UU., Israel e Irán está alimentando la inflación global. «Queremos ver el fin de la pérdida de vidas y de la destrucción de infraestructura. Este conflicto impacta masivamente en el comercio y en el bolsillo de cada ciudadano», añadió.
Una postura alineada con aliados europeos
La decisión de Australia se suma a la del Reino Unido, cuyo Gobierno también descartó participar en el bloqueo de Trump. Londres, en conjunto con Francia y otros socios internacionales, busca formar una coalición alternativa centrada exclusivamente en proteger la libertad de navegación sin adoptar las medidas de fuerza propuestas por la Casa Blanca.
«La mejor manera de garantizar que los precios de la gasolina bajen para los australianos es mediante una solución negociada». — Matt Thistlethwaite, Viceministro de Asuntos Exteriores.
El Gobierno australiano concluyó que su enfoque seguirá siendo el de buscar «soluciones sensatas» que permitan la apertura total de la ruta marítima y el cese de las hostilidades que comprometen la estabilidad del mercado energético internacional.
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