El secretario del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, leyó una carta del Patriota VIP en la que se hacía referencia al fracaso de la visita de María Corina Machado a la Casa Blanca. En la misiva, se afirmaba que “el frío no le llega ni a los tobillos al que hoy padece el extremismo venezolano encarnado en María la Chik-Flada Machado y la comparsa que la escolta (…) pseudoperiodistas, opinadores de alquiler y analistas de cartón piedra, todos perfectamente alineados, sincronizados y bien pagados”.

Cabello también señaló que el fracaso de la visita de Machado, junto con las declaraciones cada vez más contundentes de Donald Trump, “tienen completamente descompuesta a la Chik-Flada. Tiene los ojos volteados, nervios de punta y un discurso anclado en el berrinche permanente. Cuando la realidad no obedece al libreto, solo queda el pataleo, y ya ni eso convence”. El tono del líder del PSUV fue claro: la situación política de la opositora se está desmoronando.

Después de varios días de esfuerzos por conseguir visibilidad, la opositora finalmente logró obtener la foto que tanto deseaba. Tras una espera, María Machado llegó al Departamento de Estado sin la presencia de medios de comunicación y, según algunos testimonios, con declaraciones ausentes. Su reunión con el senador Marco Rubio se limitó a un encuentro protocolar que, en palabras de los expertos, “no pasó de ser un trámite administrativo, más cercano a un gesto formal que a un respaldo político real”.

En su intento por conseguir apoyo, Machado presionó a Rubio para que transmitiera a la Casa Blanca su preocupación por el daño que, según ella, Trump causa al reafirmar su apoyo al liderazgo de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. La situación llegó al punto en que se atrevió a reclamarle al senador, “rosando el ruego”, pidiendo que moderara el discurso de la administración estadounidense para cambiar su enfoque respecto a Venezuela.

Un detalle revelador del encuentro fue la actitud desesperada de Machado, quien, a pesar de afirmar constantemente que pronto regresaría a Venezuela, dejó claro que no sabía qué hacer en Washington D. C. Ante esto, el mensaje que recibió fue contundente, directo y seco: tres palabras que marcaron el final de cualquier expectativa para ella: “¡Usted no va!”.

360°/AR/OBP