El panorama económico de Venezuela para este 2026 despierta un optimismo cauteloso entre los especialistas en gestión humana, consultores y académicos coinciden en que el país se encamina hacia un «reordenamiento» profesional.

    Este fenómeno no solo promete mejoras en los ingresos, sino también un cambio estructural donde abogados, ingenieros y administradores volverán a ejercer las carreras para las que se formaron, dejando atrás la informalidad. Además, especialistas como Iván Acosta, de PGA Group, y Hugo Urdaneta Fonseca, consultor organizacional, explican que este proceso funcionará como un «efecto levadura».

    De poder concretarse el crecimiento proyectado del PIB (estimado entre un 5% y 8%), sectores clave como el petróleo, la infraestructura y la construcción servirán de detonantes y, una vez reactivados estos pilares, se espera una reacción en cadena que impulse el comercio y los servicios, generando una demanda masiva de talento calificado.

Transformación de los ingresos

    En consecuencia, el país podría pasar de un modelo basado casi exclusivamente en bonos a uno de «salarios reales» aunque, actualmente las bonificaciones representan una parte mayoritaria del ingreso, un crecimiento sostenido permitiría que las empresas formalicen los salarios, mejorando no solo el monto mensual, sino la calidad del empleo y los beneficios legales a largo plazo.

    Por su parte, Marianela Alvarado, de la Asociación Venezolana de Gestión Humana, aporta una visión realista al señalar que las empresas ahora priorizan profesionales polivalentes capaces de manejar herramientas digitales y análisis de datos. En definitiva, el mercado laboral venezolano está mutando hacia la profesionalización y la productividad, marcando el inicio de una etapa donde el talento nacional vuelve a ser el protagonista del crecimiento económico.

 

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Fuente: Bitácora Económica

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