El rublo ruso se posiciona este año como la divisa con mejor desempeño frente al dólar entre las principales monedas del mundo. De acuerdo con cifras de Bloomberg, la moneda ha ganado cerca de un 45 % desde enero y hoy figura entre los cinco activos globales con mayor retorno en el mercado ‘spot’, solo superada por metales preciosos como el platino, la plata, el paladio y el oro.
Conoce los nuevos acuerdos Rusia–Venezuela
Rusia desmonta operación mediática sobre su salida de Venezuela
Margarita recibe nuevos turistas desde Rusia
Este avance ha llevado el tipo de cambio a rondar los 78 rublos por dólar, niveles muy similares a los que se registraban antes del inicio de la operación militar especial en Ucrania en 2022. Se trata, además, de la apreciación más fuerte que ha experimentado la moneda rusa en al menos los últimos 30 años, un dato que no pasa desapercibido en los mercados internacionales.
Varios factores explican este comportamiento. Las sanciones comerciales y financieras han reducido la demanda interna de divisas extranjeras, lo que ha disminuido la presión sobre el rublo. A esto se suma la estrategia del Banco Central de Rusia, que mantuvo su tasa clave en un máximo histórico hasta junio y luego la recortó al 16 %, una decisión que estimuló la inversión en instrumentos denominados en moneda local y reforzó la demanda del rublo.
Desde el regulador monetario ruso destacan que una moneda fuerte ayuda a frenar la inflación, abarata las importaciones y protege el poder de compra de la población. Sin embargo, esta misma fortaleza trae consigo retos importantes, ya que encarece las exportaciones y reduce los ingresos en rublos que obtiene el país por sus ventas al exterior.
Analistas del Instituto Stolypin para la Economía del Crecimiento alertan que la combinación de un rublo apreciado y un crédito costoso podría enfriar la actividad económica y abrir la puerta a un escenario de estanflación. Las proyecciones oficiales apuntan a un crecimiento de apenas entre 0,5 % y 1 % este año, muy por debajo del 4,3 % alcanzado en 2024, lo que obliga a las autoridades a buscar un delicado equilibrio entre controlar los precios y mantener la competitividad internacional.
360°/AR/OBP



