Militares en Estados Unidos se rebelaron contra el presidente Donald Trump, declarando que «No seremos peones en la eliminación de derechos constitucionales». La protesta surge tras confirmarse operativos masivos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) destinados a detener a migrantes indocumentados.

   La situación en Los Ángeles se intensificó hasta convertirse en un enfrentamiento directo entre el gobierno federal y la ciudadanía, con la presencia de efectivos militares en las calles. Esta escalada puso de manifiesto la tensión creciente entre las órdenes del gobierno y la percepción pública de sus acciones.

   El conflicto provocó una reacción inédita dentro de las propias fuerzas armadas, que mostraron su rechazo abierto a las políticas antimigrantes. La crisis dejó claro que parte del personal militar no estaba dispuesto a cumplir órdenes que consideraban contrarias a los principios constitucionales.

   El Pentágono confirmó el despliegue de 700 marines y 2.000 efectivos de la Guardia Nacional en Los Ángeles, argumentando que su presencia buscaba reforzar los operativos de seguridad. Sin embargo, uno de los marines enviados decidió unirse a una manifestación en Dallas, expresando públicamente su oposición a la orden federal.

   La medida también provocó críticas políticas. El gobernador de California, Gavin Newsom, condenó el despliegue a través de X: «Los marines de Estados Unidos han servido honorablemente en múltiples guerras en defensa de la democracia. No deberían ser desplegados en suelo estadounidense enfrentándose a sus propios compatriotas para cumplir la fantasía demente de un presidente dictatorial. Esto es poco estadounidense».

360°/AR/OBP