Una estatua provocadora apareció justo frente a la Explanada Nacional de Washington D.C. y nadie la ignora: Donald Trump y Jeffrey Epstein ríen y se dan la mano en una pose que parece más una celebración que una condena.

    La pieza no se anda con sutilezas. En la parte de atrás lee “El apretón de manos secreto” y en el frente proclama: “Celebramos el eterno vínculo entre el presidente Donald Trump y su amigo más cercano, Jeffrey Epstein”. La instalaron como acto de denuncia y recordatorio, y los visitantes podrán verla hasta el domingo 28 de septiembre.

Un recordatorio que remueve y acusa

    Jeffrey Epstein, el financiero condenado por explotar y abusar de decenas de menores y que murió en la cárcel en 2019, aparece junto al actual presidente como si fueran cómplices en el mismo juego macabro, dando “saltitos” y luciendo felices; para muchos votantes y críticos, la estatua actúa como un bofetón visual: la amistad entre Trump y un condenado por tráfico sexual pesa y sigue molestando.

    Las pruebas públicas no suavizan la imagen. Este mes, el Wall Street Journal publicó la felicitación que Trump dedicó a Epstein por su 50 cumpleaños: dibujó la silueta de un cuerpo femenino desnudo e imitó con su firma el vello púbico. “Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro secreto maravilloso”, escribió. En 2002, la revista New Yorker publicó un mensaje de Trump: “Conozco a Jeff desde hace 15 años. Es un tipo fantástico. Es muy divertido estar con él. Incluso dicen que le gustan las mujeres guapas tanto como a mí, y muchas son jóvenes”.

    La Administración bloquea la liberación de ciertos archivos relacionados con Epstein, con la excusa de proteger a las víctimas y resguardar material sensible, pero la negación sólo aviva sospechas en todos. Se afirma que esos documentos contienen nombres de personas vinculadas a la red de Epstein, y la falta de transparencia alimenta teorías y exige rendición de cuentas.

Fuente: El Diario

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