Un experimento inusual está revelando hasta dónde puede llegar el cuerpo humano bajo condiciones extremas. Glenn Kenny, profesor de la Universidad de Ottawa (Canadá), permaneció 72 horas seguidas en una cámara climática a 40°C con el fin de analizar el impacto del calor extremo, una situación cada vez más frecuente debido al cambio climático.

El investigador sufrió en carne propia los riesgos del estrés térmico: al segundo día alcanzó niveles alarmantes de temperatura corporal y, al tercero, había perdido casi 5 kilogramos de peso. Kenny, que ya había participado en ensayos similares, advirtió que estas condiciones se han convertido en un desafío de salud pública frente al aumento de las olas de calor en el planeta.

El proyecto forma parte de un estudio internacional sobre temperaturas extremas, cuyo objetivo es desarrollar nuevos estándares de prevención que reduzcan pérdidas humanas y económicas durante episodios de calor intenso. De hecho, investigaciones previas ya influyeron en la creación de tecnologías de enfriamiento y en proyecciones sobre el impacto del clima extremo en la calidad de vida.

El estrés por calor extremo ocurre cuando el organismo no logra disipar el exceso de temperatura, lo que provoca aceleración del ritmo cardíaco, disminución de la concentración y, en casos severos, golpes de calor, desmayos o incluso la muerte. Gracias a estos experimentos en cámaras de simulación, los científicos esperan comprender mejor los mecanismos fisiológicos de adaptación, un paso clave para diseñar políticas y estrategias de protección en un mundo cada vez más caluroso.