Cuando la ciudad se apaga y el ruido baja, entre las ramas, los jardines o cerca de los basureros puede aparecer una silueta peluda. Algunos creen que es una rata, otros la ven como un bicho desagradable. Pocos saben que se trata de una zarigüeya, o rabipelado, un animal inofensivo y, sobre todo, clave para mantener el equilibrio natural en plena urbe.

Aunque muchos la consideran una visitante no deseada, la realidad es que esta especie es tan venezolana como el turpial o el araguaney. Es el único marsupial que vive en el país y uno de los pocos en todo el continente americano. Lo curioso es que, mientras recibe rechazo, trabaja sin que nadie lo note para controlar plagas, eliminar residuos orgánicos y mantener más limpio el ambiente urbano.

No, no es una rata gigante

Lo primero que hay que aclarar: las zarigüeyas comunes (Didelphis marsupialis) y las andinas (Didelphis pernigra) no son roedoras ni alimañas. Son marsupiales, parientes lejanos de koalas y canguros. Las hembras llevan a sus crías en un marsupio, una bolsa en el abdomen que es toda una rareza biológica en nuestra región.

Aunque su andar por el suelo pueda parecer torpe, son excelentes trepadoras. Usan su cola prensil como si fuera una quinta pata para equilibrarse y sujetarse entre las ramas.

¿Por qué están en la ciudad?

No llegaron por capricho. La tala, los incendios, el avance de la urbanización, el uso excesivo de pesticidas y la destrucción de sus hábitats las han empujado hacia donde aún pueden sobrevivir.

En Caracas, los jardines, árboles frutales y la basura les ofrecen una oportunidad para alimentarse. En lugares como El Hatillo, La Trinidad, San Bernardino o Montalbán es habitual verlas de noche, olfateando en busca de comida.

No es que invadieron la ciudad: es que la ciudad las alcanzó a ellas.

Un menú poco apetecible… para nosotros

El rabipelado come lo que la mayoría preferiría no tener en casa: cucarachas, escarabajos, larvas, caracoles, frutas fermentadas, restos de comida, ratones pequeños… En pocas palabras, funcionan como un servicio de limpieza gratuito que nadie pidió, pero que hace un gran trabajo. Además, dispersan semillas y eliminan desperdicios que, de acumularse, atraerían moscas y enfermedades.

Y hay un dato más: poseen una notable resistencia al veneno de animales como los escorpiones. Esto ha despertado el interés de científicos en el campo biomédico, pues todavía queda mucho por descubrir de ellas.

No son el problema, sino el reflejo

Verlas en las calles no significa que estén invadiendo; es una señal de que algo en el ambiente está desequilibrado. Antes de pensar en exterminarlas, conviene preguntarnos por qué están aquí y cómo podemos recuperar sus espacios naturales.

Respetarlas no es solo un gesto de conciencia ecológica, también es una forma de reconectar con lo poco que queda de naturaleza en medio del concreto.

Fuente: Últimas Noticias

360°/AR/CV